Amor eterno

Por María de la Luz.

Simplemente soltó su cámara y dejó que flotara hacia la superficie. La foto sería la prueba de que la había encontrado, y también, sería el mensaje de que había decidido quedarse allí para siempre para cumplir su destino junto a ella. En la búsqueda del amor que le había sido arrebatado se adentró en aquel mar una y otra vez, hasta que lo logró. Ahora los dos reposarían en las mismas aguas, y bailarían juntos al vaivén de burbujeantes corrientes. Cuando la vio, cogió su rígida mano, besó su pálida tez, agradeció a las amarillentas algas que adornaran su vestido y sin demora la fotografió, entonces, se dispuso a navegar a su lado, dejando que los flujos marinos guiaran su camino hacia las profundidades. Partieron pues su amada y él, acompañados de un cortejo de curiosos pececillos de colores que prestos en su andar, parecían entender cuál era su misión, acompañarlos en su viaje. El cuerpo de ella en un lento y flotante giro se posó sobre él que se aferró a su cintura mientras se sentía desvanecer. Sus siluetas lánguidas e inertes, se fueron desdibujando lentamente en el transparente azul de aquel mar en calma, dejando tras de sí una estela de amor eterno.

Se el primero en comentar en "Amor eterno"

Deja tu comentario