Ni vainilla ni chocolate: la heladería más alta de España abre en el Teide con sabor a pino, barraquito y gofio

El chef Josué Mendoza transforma el paisaje y la gastronomía de las Islas en una docena de exclusivas recetas, desde el aroma a pino canario hasta el Príncipe Alberto o el quesillo con miel de palma

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El Parque Nacional del Teide ya no es solo una cumbre geológica de referencia internacional, sino que acaba de transformarse en un auténtico mirador gastronómico. A 2.356 metros de altitud, la cafetería del Teleférico del Teide ha inaugurado la heladería artesanal más alta de España, un proyecto impulsado por la empresa Volcano Teide que busca sintetizar la riqueza paisajística y culinaria del archipiélago en doce creaciones bajo cero.

Más allá de la anécdota de la altitud, la iniciativa pretende utilizar el centro geográfico de Tenerife como un espacio estratégico de kilómetro cero. La idea es que este enclave, por el que transitan a diario miles de viajeros, actúe como un canalizador de la despensa local. Así lo interpreta el director general de la compañía, Ignacio Sabaté, quien asegura que “el Teide debe convertirse en un gran escaparate de nuestros productos, nuestras recetas y nuestra cultura gastronómica”. Para Sabaté, este movimiento no solo enriquece la visita, sino que pone en valor la materia prima, apoya a los productores locales y rinde homenaje a quienes mantienen vivo el recetario tradicional.

Esta visión es compartida desde el ámbito de la promoción exterior. Dimple Melwani, CEO de Turismo de Tenerife, subraya la capacidad del proyecto para conectar emocionalmente con el visitante contemporáneo, que cada vez huye más de lo estandarizado. “Entendemos la gastronomía como una de las expresiones más auténticas de nuestra identidad”, señala Melwani, destacando que propuestas como esta “demuestran que es posible innovar desde nuestras raíces, transformando productos, recetas y paisajes en una vivencia capaz de emocionar y conectar al visitante con la esencia de Canarias”.

Josué Mendoza, chef ejecutivo de Volcano Teide, elabora los helados artesanales del Teleférico del Teide con ingredientes y recetas inspirados en la gastronomía canaria
Josué Mendoza, chef ejecutivo de Volcano Teide, presenta la nueva colección de helados artesanales inspirados en los sabores tradicionales de Canarias

El encargado de traducir estos conceptos abstractos en texturas y temperaturas ha sido el chef ejecutivo de Volcano Teide, Josué Mendoza. Para lograrlo, Mendoza se ha apoyado en la rigurosa metodología de la tradición heladera italiana, contando en los compases iniciales con el asesoramiento técnico del maestro Michele Marchese. Sin embargo, el objetivo nunca fue hacer un helado italiano convencional, sino dotarlo de un ADN inequívocamente local mediante ingredientes naturales y cercanía. “Queríamos crear algo con personalidad y que no pudiera encontrarse en cualquier lugar. No se trataba simplemente de elaborar nuevos sabores, sino de contar Canarias a través de productos, recetas y sensaciones que forman parte de nuestra memoria”, explica el creador de la carta.

Ignacio Sabaté, Dimple Melwani y Josué Mendoza durante la presentación de los helados artesanales del Teleférico del Teide, elaborados con productos tradicionales de Canarias
Ignacio Sabaté, Dimple Melwani y Josué Mendoza presentan la nueva colección de helados artesanales del Teleférico del Teide, inspirada en la gastronomía y los paisajes de Canarias / EDS

El menú resultante es un viaje transversal por las Islas. Quizás la propuesta más audaz y conceptual sea el helado de pino con pistacho y pasta kataifi, una elaboración fresca que busca atrapar en el paladar el característico aroma de las cumbres canarias. Como confiesa el propio Mendoza, la intención era que este sabor “no hablara solo de un ingrediente, sino de una sensación, de ese olor del pinar que forma parte del paisaje y de la memoria de quienes hemos crecido en las Islas”.

El recorrido agrícola continúa con opciones que dignifican la fruta local, como el helado de Plátano de Canarias IGP madurado en su punto exacto, el refrescante sorbete de piña tropical de El Hierro, o el sorbete de tuno indio, un guiño directo a los senderos áridos del archipiélago. La tierra también está presente en el helado de batata yema, equilibrado con toques de vainilla y lima, mientras que el sector ganadero se reivindica a través de un helado de leche de cabra servido con su propio dulce de leche.

La otra mitad de la colección apela directamente a la nostalgia y a la memoria gustativa de las sobremesas familiares. La carta reinterpreta en frío postres icónicos como el quesillo con miel de palma, una versión cremosa del clásico frangollo, y el célebre Príncipe Alberto palmero, convertido aquí en una base de chocolate y almendras que respeta su esencia original. Las meriendas de la infancia regresan a la actualidad con el helado de gofio de millo acompañado de higos caramelizados, y otro que evoca el sabor inconfundible de las galletas María con dulce de guayaba. El broche final lo pone un helado de barraquito, que captura las complejas capas y aromas de la bebida cafetera más popular de las Islas.

El éxito de la propuesta, elaborada íntegramente en las instalaciones de la cumbre, reside en el fino equilibrio entre la evocación y la técnica. “El mayor reto ha sido conseguir que cada sabor resulte reconocible y que, al mismo tiempo, tenga equilibrio, textura y una identidad propia”, concluye Josué Mendoza, quien espera que cada turista o residente que pruebe un bocado de gofio o barraquito encuentre en la cima del país “algo familiar, pero también una forma nueva y sorprendente de disfrutarlo”.

El Digital Sur

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