Para una gran parte de la población, la llegada del verano no supone el alivio esperado tras meses de trabajo y actividad. Por el contrario, es precisamente durante esta época estival cuando se manifiestan con mayor intensidad síntomas como el cansancio persistente, las dificultades para mantener la concentración, la falta de energía, las alteraciones del sueño o una sensación general de agotamiento que no experimenta mejoría ni siquiera mediante el descanso.
Diversos estudios a nivel europeo indican que hasta un 60% de los adultos experimenta episodios frecuentes de fatiga a lo largo del año. No obstante, los especialistas en la materia señalan que este cansancio no suele presentarse de forma puntual, sino que constituye la suma de procesos fisiológicos que se han ido acumulando durante meses.
En este sentido, la doctora Alena Cámbara, directora de HINC (Holistic International Neuro Clinic), explica que lo que muchas personas interpretan como cansancio de final de temporada es, en realidad, el resultado acumulado de una sobrecarga sostenida. Según detalla la especialista, el verano no provoca el agotamiento, sino que simplemente lo hace visible.
Desde la clínica HINC observan cada año un patrón recurrente en pacientes que, aunque continúan desarrollando su actividad laboral y personal con aparente normalidad, perciben un funcionamiento anómalo en su organismo. Estos pacientes duermen, pero no logran descansar; mantienen sus hábitos diarios, pero disponen de una menor energía. Asimismo, refieren dificultades para concentrarse, recuperar fuerzas o disfrutar de aquellas actividades que anteriormente realizaban con total normalidad.
Detrás de este cuadro clínico suele encontrarse una combinación de múltiples factores, entre los que destacan las alteraciones crónicas del sueño, el estrés mantenido, los déficits nutricionales y una sobrecarga prolongada del sistema nervioso. Uno de los elementos principales en este proceso es el cortisol, la hormona liberada por el organismo para adaptarse a las situaciones de estrés. Cuando esta respuesta fisiológica se mantiene de forma excesiva en el tiempo, el cuerpo permanece en un estado de alerta constante, lo que consume importantes recursos energéticos y obstaculiza los procesos naturales de recuperación.
La doctora Cámbara subraya que el organismo no distingue entre una amenaza física real y el estrés derivado de una carga laboral excesiva, un conflicto emocional o una situación prolongada de incertidumbre. La respuesta fisiológica generada es idéntica y, al prolongarse, termina mermando la energía, la calidad del descanso y el estado de ánimo general del paciente.
Uno de los síntomas más habituales detectados en las consultas son los trastornos del sueño. Esta afección no se limita únicamente al insomnio clásico, sino que abarca despertares frecuentes, sueño superficial o la sensación clínica de levantarse cansado a pesar de haber pernoctado un número suficiente de horas. A esta sintomatología se añaden otros problemas cada vez más comunes, como la denominada “niebla mental”, la cual se caracteriza por problemas de concentración, olvidos frecuentes o una sensación de lentitud cognitiva. De igual modo, son habituales la irritabilidad, la falta de motivación y la disminución de la capacidad para el disfrute de las actividades cotidianas.
Desde el punto de vista médico, todos estos síntomas tienen su origen en la incapacidad del sistema nervioso para alternar de manera correcta entre los estados de activación y de recuperación. El sistema nervioso actúa como el gran regulador del organismo; por tanto, cuando permanece excesivamente en modo de alerta, el cuerpo pierde su capacidad inherente para recuperarse, reparar tejidos, regular la actividad hormonal y restaurar sus niveles óptimos de energía.
Para abordar esta problemática, desde HINC se plantea una visión integral del organismo. La doctora Cámbara señala que el primer paso para tratar la fatiga persistente consiste en identificar los factores exactos que están impidiendo la recuperación energética. Para lograrlo, la clínica propone una evaluación exhaustiva que trasciende los parámetros médicos básicos, analizando detalladamente la calidad del sueño, el estado del sistema nervioso autónomo, el equilibrio hormonal, la existencia de posibles déficits nutricionales y el funcionamiento del metabolismo energético.
La especialista incide en que cuando el agotamiento posee raíces fisiológicas comprobables, un descanso puntual puede suponer un alivio temporal, pero no constituye una resolución del problema. Resulta imperativo comprender qué sistemas están operando fuera de su equilibrio natural.
Por ello, se defiende un abordaje integral que combina la mejora de la calidad del descanso, la regulación activa del estrés, la corrección de carencias nutricionales y un trabajo clínico específico sobre el sistema nervioso, con especial atención a aquellas personas que llevan meses funcionando bajo un estado de alerta. Recuperar la energía, según se apunta desde la clínica, no depende solo de la inactividad durante unos días, sino de devolver al organismo su capacidad inherente de autorregulación.
Como conclusión, la doctora Alena Cámbara reitera que, si existe un desequilibrio fisiológico de base, es fundamental colaborar con el organismo para recuperar su capacidad natural de autorregulación. Ante la persistencia de síntomas como el cansancio prolongado, la falta de energía, las alteraciones del sueño o los problemas de concentración, los especialistas recomiendan encarecidamente someterse a una valoración profesional que facilite la identificación de las causas subyacentes. Para dar respuesta a esta necesidad, el equipo multidisciplinar de HINC trabaja mediante estrategias personalizadas y adaptadas a cada paciente, analizando de forma conjunta la interacción entre el sistema nervioso, las hormonas, el metabolismo y los patrones de descanso.





