Cómo aliviar tu espalda al amamantar y al cargar al bebé

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Nadie te avisa de esto antes: uno de los golpes físicos más duros de la maternidad no llega en el parto, sino después. Semanas y semanas sosteniendo a un bebé, ya sea dándole el pecho o llevándolo en brazos mientras haces malabares con todo lo demás. Y el cuello, los hombros, la espalda, empiezan a quejarse en silencio, aunque casi nadie te lo cuenta hasta que ya te está pasando a ti.

La parte buena es que buena parte de ese dolor se puede evitar. No hace falta magia, solo cambiar un par de cosas: la postura y el equipo que usas, tanto para amamantar como para cargar al bebé.

Por qué duele tanto la espalda en esta etapa

Cada postura por separado parece inofensiva. Inclinarte para dar el pecho, cargar a upa en un paseo largo, sostener a un bebé que cada semana pesa un poco más mientras intentas hacer otra cosa a la vez. El problema no es ninguna de ellas sola, sino que se repiten decenas de veces al día.

Y encima el cuerpo todavía se está recuperando del embarazo. La zona lumbar y el abdomen no han vuelto del todo a su fuerza anterior, justo cuando más se les está pidiendo. Mala combinación.

La postura al amamantar, mal entendida casi siempre

Un error clásico: inclinarse hacia el bebé en vez de acercar al bebé al pecho. Si el bebé está demasiado bajo, el cuerpo se encorva solo, sin que te des cuenta, y esa tensión se va acumulando toma tras toma en hombros y zona baja de la espalda.

Esto no se arregla solo con fuerza de voluntad o “acordarse” de sentarse recta a cada rato, porque a los diez minutos ya se te ha olvidado. Funciona mucho mejor subir al bebé hasta la altura del pecho con un buen apoyo, en vez de forzar tu propio cuerpo a bajar.

Ahí es donde entra un buen cojín de lactancia

Este es un accesorio que se subestima bastante. El mejor cojín de lactancia no es simplemente algo cómodo donde apoyarse, es lo que cambia por completo la mecánica de cada toma. Al elevar al bebé a la altura correcta, los brazos descansan sobre el cojín en lugar de aguantar todo el peso, y la espalda se queda en una posición mucho más neutra, algo que se agradece especialmente en las tomas largas de los primeros meses.

Y no es solo para las tomas: muchas familias terminan usándolo también como apoyo lumbar propio en los ratos de descanso entre una y otra, algo que ni se plantean al comprarlo.

Cargar al bebé sin destrozarte la espalda

Fuera de las tomas, el otro gran culpable es cargar al bebé, en brazos o con algún sistema de porteo. Cuando el peso recae sobre los hombros en vez de sobre las caderas, la espalda tiene que compensar todo el rato para mantener el equilibrio. Y eso, con el tiempo, pasa factura.

Da igual si cargas al bebé solo en brazos o si ya usas un portabebés: si no está bien ajustado, o si no reparte bien el peso, el problema es el mismo.

El fular portabebés como alternativa

Para muchas familias, un fular portabebés termina siendo la opción que mejor funciona, sobre todo en las primeras semanas. Al ajustarse tan pegado al cuerpo, tanto del bebé como de quien lo lleva, reparte el peso de forma mucho más uniforme por todo el torso en vez de cargarlo solo sobre los hombros.

A diferencia de llevar al bebé solo en brazos, un fular bien atado deja las manos libres y reparte el peso de una forma que aguanta incluso en paseos largos. Aprender a atarlo bien cuesta un poco al principio, hay que practicarlo, pero después se convierte en algo casi automático.

Hábitos pequeños que también suman

Aparte del equipo, hay costumbres sencillas que se notan a lo largo del día. Mantener la espalda erguida, con el abdomen un poco activado, ayuda a sostener el propio peso sin cargar tanto la zona lumbar. Y al agacharte a recoger algo del suelo, mejor flexionar rodillas que doblar la espalda, sobre todo si llevas al bebé en brazos en ese momento.

Cambiar de postura o de lado al cargar al bebé, cuando se pueda, evita que siempre trabajen los mismos músculos. Y los descansos cortos, dejando al bebé en un sitio seguro un par de minutos, le dan a tu cuerpo el respiro que necesita entre una sesión y otra.

Cuándo esto ya no es solo cuestión de postura

Es normal notar algo de tensión mientras el cuerpo se adapta a nuevas rutinas de porteo o lactancia, sobre todo al principio. Pero un dolor que no se va, que es fuerte, o que se extiende hacia otras zonas, merece que lo mires con un profesional, no que intentes resolverlo solo cambiando de postura o de cojín.

En ese caso, lo mejor es hablar con un fisioterapeuta o con tu médico de cabecera, en vez de esperar a que se pase solo.

En resumen

Gran parte de esta tensión de espalda tiene arreglo, aunque no de un día para otro. Se trata de ir sumando pequeños ajustes: una postura algo más consciente, el equipo adecuado tanto para dar el pecho como para cargar al bebé, y pausas de verdad para que el cuerpo se recupere.

No hay una solución mágica ni una que sirva igual para todas las familias, pero prestar atención a estos detalles desde el principio puede evitar que una molestia pequeña se convierta en un problema serio unas semanas después.

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