Sanidad declara el fin del brote de sarampión originado en junio en Tenerife

El episodio, iniciado por un menor británico de vacaciones en la isla, deja un saldo de cinco residentes contagiados

Las autoridades sanitarias alertan sobre la necesidad de vacunación tras la reciente pérdida de España del estatus de país libre de esta enfermedad

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La Dirección General de Salud Pública del Servicio Canario de la Salud ha dado por finalizado oficialmente el brote de sarampión detectado durante el mes de junio en la isla de Tenerife. La institución argumenta que ha tomado esta decisión al “haber transcurrido el tiempo establecido sin registrarse nuevos casos asociados al brote”, siguiendo estrictamente los protocolos epidemiológicos marcados para este tipo de situaciones.

El origen de la cadena de contagios se sitúa en un caso importado desde el Reino Unido. Se trata de un menor de cuatro años de edad que se encontraba pasando unos días de vacaciones en Tenerife, aunque su diagnóstico se confirmó una vez que regresó a su país de origen. Por este motivo, a nivel estrictamente epidemiológico, el niño no contabiliza dentro de las cifras del brote canario. A raíz de este paciente cero, el virus se transmitió a un total de cinco personas residentes en la isla. Todos los afectados lograron superar la enfermedad presentando una sintomatología leve y sin complicaciones clínicas de gravedad, aunque dos de los pacientes requirieron ingreso hospitalario para su observación y tratamiento.

La trazabilidad del virus muestra cómo el patógeno se abrió paso a través de contactos directos. El primer contagiado local fue un empleado del establecimiento hotelero donde se alojó el menor británico. Posteriormente, el virus se trasladó a un centro hospitalario al que acudió este trabajador para recibir asistencia, lugar donde resultaron infectados dos profesionales sanitarios y un miembro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que también se encontraba en las instalaciones. La cadena se cerró con un lactante de ocho meses, familiar directo de uno de los adultos afectados.

En cuanto al perfil inmunológico de los pacientes, los datos revelan una falta de protección previa. De los cuatro adultos contagiados, con edades comprendidas entre los 47 y los 51 años, tres de ellos no contaban con ninguna dosis de la vacuna contra el sarampión, mientras que el cuarto paciente solo había recibido una inyección. El bebé afectado, por su parte, recibió la vacuna de urgencia tras confirmarse su exposición a la enfermedad. Tras detectarse estas infecciones, el gobierno activó inmediatamente los mecanismos de valoración, seguimiento y control de contactos para frenar la propagación.

Vacunas

El gobierno autonómico ha aprovechado la resolución de este episodio para lanzar un mensaje contundente sobre la prevención, recordando  que “la vacuna es el medio más seguro y eficaz para evitar contraer y transmitir el sarampión”. La pauta completa consta de dos dosis, administradas a los doce meses y a los tres años de edad. En la actualidad, el 95 por ciento de la población canaria se encuentra correctamente inmunizada durante su primer año de vida.

Las autoridades sanitarias hacen un llamamiento a las familias para que revisen los calendarios de los menores de tres años. Además, instan a los nacidos a partir de 1978 que no hayan padecido la enfermedad y que carezcan de un historial documentado de la vacuna triple vírica a acudir a su centro de salud. Se pone especial énfasis en el personal sanitario, un colectivo vulnerable por su alto riesgo de exposición que debe tener garantizada su inmunización.

La alerta institucional no es un tema menor en el panorama médico actual. En España, la vacunación contra el sarampión se introdujo en 1975, evolucionando a la vacuna triple vírica en 1981 y sumando una segunda dosis en 1996, lo que redujo drásticamente las epidemias. Tras sumarse al plan de eliminación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2001, España logró ser declarada país libre de transmisión endémica en 2017. Sin embargo, el reciente repunte de casos diagnosticados en varias comunidades autónomas, todos vinculados a contagios importados, ha provocado que la OMS retire a España de esta lista. Esta situación refleja una tendencia internacional preocupante, con repuntes en países como el Reino Unido debido a la pérdida de confianza ciudadana en las vacunas. Un descenso en las coberturas puede causar brotes severos, tal como evidenció recientemente el fallecimiento de un niño no vacunado en el estado de Texas, Estados Unidos.

El sarampión, provocado por el morbilivirus, es una enfermedad febril exantemática altamente contagiosa. Tras un periodo de incubación de entre 10 y 14 días, la infección se manifiesta con fiebre, tos, congestión nasal y, en algunos casos, manchas rojizas con centro blanco en la cara interna de las mejillas. Entre el tercer y séptimo día brota un sarpullido que comienza en el rostro y se extiende por todo el cuerpo. El virus se propaga por el aire mediante gotas que pueden permanecer suspendidas hasta dos horas, o por contacto con secreciones.

Aunque suele ser una dolencia benigna, el gobierno recuerda que puede derivar en neumonía, otitis, laringotraqueitis, diarrea y, en casos raros, encefalitis o la muerte. La ventana de contagio abarca desde cuatro días antes de la aparición del exantema hasta cuatro días después. Como medida profiláctica, la vacunación en las 72 horas posteriores a una exposición puede evitar o mitigar la gravedad del cuadro clínico. Para aquellos contactos susceptibles que no puedan recibir la dosis, la directriz sanitaria marca su exclusión del entorno del brote hasta dieciocho días después de que haya surgido el sarpullido en el último caso confirmado.

El Digital Sur

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