Un curso de la Universidad de Verano de Adeje se cuestiona quién cuida a los cuidadores

El curso codirigido por el psicólogo de la ULL Antonio Rodríguez y el psiquiatra Eduardo Vera indaga en las competencias emocionales para el autocuidado y el co-cuidado emocional

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Docentes, personal sanitario, trabajadores sociales y fuerzas de seguridad y emergencias son, entre otros, los colectivos cuya misión es el cuidado de las personas que conforman la sociedad. Un conjunto de profesiones sometido a grandes presiones y, en algunos casos, peligros que se ceban sobre la salud mental de quienes se dedican a ellas. Un curso de la Universidad de Verano de Adeje trata de responder, precisamente, a la cuestión de quién cuida a los cuidadores, y la clave parece estar en apostar por el autocuidado y la creación de redes de apoyo mutuo.

El director del curso es Antonio Rodríguez Hernández, del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Laguna, quien explica que esta actividad formativa aborda cómo tratar con el malestar emocional para que no provoque sufrimiento. “El malestar siempre va a estar, porque está asociado no ya a la profesión en concreto, sino a esta sociedad del malestar en que vivimos. Se nos quiere vender que vivimos en la sociedad del bienestar y eso es otra quimera. Y cuando no accedemos a ese bienestar, la frustración nos provoca todavía más malestar”.

Por ello, el curso ahonda en el concepto de “bienser”, que consiste en tratar el malestar sin aspirar a dejar de sentirlo. “Para tratar la tristeza, tienes que relacionarte con ella. Y ese relacionarte con la tristeza es una parte competencial que hay que ejercitar como si fuera un músculo”. De este modo, el autocuidado se convierte en la prioridad de este proceso: “Hay que asumir el compromiso cada uno y cada una consigo mismos para abordar el reto de cuidarse, porque si esperamos que las condiciones, tanto del contexto como institucionales, provean de ese cuidado, probablemente no se garantice”.

La carga de ese malestar puede ser muy pesada para cargarla individualmente, por lo que al mismo tiempo que hay que cultivar esa autoprotección, también hay que buscar cuidado de forma comunitaria y colectiva. “Precisamente esto es lo que estamos haciendo aquí en el curso: me encuentro con alguien igual que yo, otra profesional con la que contrastar mi propia experiencia en reciprocidad”. La idea, pues, es ir creando pequeñas células de cocuidado en las que cada persona contribuya. “Pero ese cocuidado tiene que empezar por uno mismo”, insiste Rodríguez, “porque no puedes dar nada que no tienes”.

Antonio Rodríguez Hernández, director del curso de la Universidad de Verano de Adeje sobre autocuidado emocional y bienestar de los cuidadores
Antonio Rodríguez Hernández, director del curso de la Universidad de Verano de Adeje sobre autocuidado emocional y bienestar de los cuidadores / EDS

De este modo, el curso muestra al personal dedicado a los cuidados que debe ser leal emocionalmente consigo mismo, pues llegará un punto crítico en el que cada persona debe decidir en qué clave asume su condición personal: si como víctima sufriente que se somete al malestar y entra en una dinámica de autodestrucción; o en clave de resiliente superviviente que asume que la prioridad básica primero tiene que ser uno mismo antes de comprometerse con los demás.

Durante la jornada de hoy, el codirector del curso, el psiquiatra Eduardo Vera Barrios, ha realizado el diagnóstico de cuáles son las características, síntomas y efectos dañinos de quienes sufren ese malestar sostenido: ansiedad, depresión y el llamado síndrome del quemado en el trabajo (burnout), que es el paradigma que más se aplica al personal de cuidados.

Otro efecto adverso que señala Antonio Rodríguez es la despersonalización. “Hay estudios en el ámbito de la docencia y de los sanitarios que explican que la única manera que tienen algunas personas para defenderse del malestar que provoca el cuidado es desvincularse de la emoción del otro. Despersonalizarlo, deshumanizarlo y tratarlo como algo que no tiene que ver con lo que yo pueda sentir. Es lo que llamamos el estrés empático”. Así, resulta tan arriesgado implicarse mucho con el sufrimiento ajeno como desimplicarse tanto que se llegue a la falta de compromiso profesional. Es necesario encontrar el equilibrio.

El Digital Sur

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