La hostelería española lleva tiempo adaptándose a un cliente que quiere rapidez, comodidad y una experiencia coherente también fuera del local. El café para llevar ya no es un gesto ocasional en estaciones, aeropuertos o zonas de oficinas, ahora forma parte del día a día de muchas cafeterías, panaderías, hoteles y negocios de restauración. En paralelo, el propio sector se mueve entre dos exigencias cada vez más visibles, mejorar la operativa y responder a una sensibilidad mayor hacia la sostenibilidad y la gestión de residuos.
En ese contexto, la elección del envase ha dejado de ser un detalle menor. Para muchos negocios, optar por vasos de cartón para café responde a una combinación de factores muy concretos, imagen de marca, funcionalidad en el servicio, percepción del cliente y necesidad de alinearse con un marco regulatorio que presiona para reducir el peso del plástico de un solo uso. En España, además, la normativa ya obliga desde 2023 a cobrar por determinados productos de plástico de un solo uso entregados al consumidor, entre ellos los vasos para bebidas, al tiempo que el Ministerio para la Transición Ecológica impulsa alternativas reutilizables o de otros materiales no plásticos.
No se trata solo de una cuestión estética. La hostelería, como viene reflejando el propio debate sectorial en congresos y foros especializados, está inmersa en una transformación donde pesan la eficiencia, la experiencia del cliente y la sostenibilidad. El Digital Sur ha recogido en los últimos meses ese enfoque en informaciones sobre digitalización del sector, innovación y encuentros profesionales de restauración y turismo.
Un cambio impulsado por nuevos hábitos de consumo
El consumo para llevar se ha consolidado como una capa estable del negocio hostelero, aunque no todos los canales evolucionen igual. En 2025, el gasto en foodservice en España alcanzó los 43.523 millones de euros y superó los 7.200 millones de visitas, según datos difundidos por Forbes a partir de Circana. En ese mismo análisis se apuntaba que el delivery había caído un 7 %, una señal de que el cliente sigue gastando en restauración, pero reparte sus decisiones entre consumo en local, recogida y take away.
Ese cambio tiene una consecuencia práctica, cada vez más establecimientos necesitan envases que funcionen bien en tránsito, mantengan la temperatura, resulten cómodos de sujetar y no perjudiquen la percepción del producto. En una bebida como el café, donde el consumidor suele asociar calidad a pequeños detalles, el vaso cuenta más de lo que parece. Un recipiente incómodo, endeble o visualmente descuidado puede rebajar el valor percibido incluso antes del primer sorbo. Esto explica que el debate sobre packaging ya no quede reducido a grandes cadenas y se haya extendido también a negocios independientes.
El cartón gana terreno en la operativa diaria
Los datos del sector muestran que el cartón y el papel ya ocupan una posición central en el take away hostelero. Un estudio difundido por FACYRE señalaba en 2025 que más del 50 % de los hosteleros apostaba por envases sostenibles y que el 57,5 % utilizaba principalmente envases de cartón o papel en sus servicios desechables para comida y bebida para llevar.
La explicación es bastante sencilla. El cartón ofrece un equilibrio razonable entre coste, presentación y versatilidad. Permite personalización gráfica, transmite una estética más cercana a lo natural o artesanal y se integra bien en negocios que quieren proyectar una imagen más cuidada. También facilita una narrativa de marca vinculada a la responsabilidad ambiental, algo que muchos consumidores valoran, especialmente en entornos urbanos, turísticos y de alto tránsito donde la visibilidad del envase es constante.
A eso se suma un factor operativo. La hostelería necesita soluciones sencillas de almacenar, apilar, servir y reponer en momentos de alta rotación. En cafeterías con picos de trabajo muy concentrados, el envase debe acompañar el ritmo del servicio y no añadir fricción. El auge del cartón no se entiende solo desde la sostenibilidad, sino también desde la practicidad cotidiana.
La presión regulatoria también está reordenando el mercado
La transición no nace únicamente de la voluntad del consumidor o del hostelero. El marco normativo europeo y español está redefiniendo qué materiales resultan más viables y bajo qué condiciones. La Comisión Europea recuerda que determinados productos de plástico de un solo uso fueron restringidos o prohibidos por existir alternativas más sostenibles y asequibles, dentro de una estrategia más amplia para reducir la basura marina y el impacto ambiental del plástico.
En España, la Ley 7/2022 reforzó esa dirección con medidas específicas para reducir los plásticos de un solo uso, mientras que el MITECO detalla que desde el 1 de enero de 2023 debe cobrarse un precio por cada producto de plástico incluido en la parte A del anexo IV que se entregue al consumidor, entre ellos los vasos para bebidas.
Además, el Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases endurece los criterios de sostenibilidad y circularidad, con el objetivo de reducir residuos y mejorar el diseño y la gestión de los envases en el mercado interior europeo. Para la hostelería, esto se traduce en un horizonte cada vez más exigente, donde elegir materiales y formatos adecuados deja de ser opcional y pasa a formar parte de la adaptación del negocio.
No basta con parecer sostenible, el cliente también espera coherencia
Uno de los elementos más interesantes del auge del cartón es que responde a una expectativa pública más amplia. El consumidor no solo pide rapidez, también espera señales visibles de coherencia. En cafeterías, hoteles o locales con un flujo turístico importante, el envase comunica tanto como el mobiliario, la carta o el trato recibido.
Por eso, muchos negocios entienden el vaso como una extensión de la experiencia. Si el local ha cuidado su café de especialidad, su diseño interior o su discurso de proximidad, servir la bebida en un envase que contradiga ese relato genera una disonancia cada vez más evidente. El cartón, sin resolver por sí solo todos los retos ambientales del sector, encaja mejor con esa demanda de coherencia visual y de marca.
También influye la exposición pública. En zonas de oficina, campus, centros urbanos o destinos turísticos, miles de decisiones de compra se producen a la vista de otros consumidores. El vaso se convierte en un soporte visible, casi en una pieza móvil de identidad comercial. En ese escenario, los materiales y el diseño importan.
Un debate que va más allá del café
Aunque el café para llevar sea uno de los símbolos más claros de este cambio, el debate forma parte de una conversación mayor sobre residuos, circularidad y eficiencia. Eurostat publicó en 2025 que en la UE se generaron 79,7 millones de toneladas de residuos de envases en 2023, equivalentes a 177,8 kilos por habitante. En el caso concreto del residuo de envases plásticos, la cifra fue de 35,3 kilos por persona, de los que 14,8 kilos se reciclaron.
Esas cifras explican por qué la discusión sobre envases ha salido del ámbito técnico y ha entrado en la conversación pública, empresarial y regulatoria. La hostelería no es el único sector implicado, pero sí uno de los más visibles, porque trabaja con consumos recurrentes, alto volumen de rotación y contacto directo con el consumidor final. Cada pequeño cambio en barra, sala o mostrador tiene la capacidad de amplificarse en miles de usos diarios.
El auge del cartón no es una moda pasajera
Todo apunta a que el crecimiento de los vasos de cartón en España no responde a una tendencia efímera, sino a una suma de fuerzas que avanzan en la misma dirección. Por un lado, el cliente quiere comodidad sin renunciar a una cierta conciencia ambiental. Por otro, el hostelero necesita soluciones prácticas y visualmente consistentes con su propuesta. Y, además, la normativa empuja a reducir el protagonismo del plástico de un solo uso y a repensar los envases desde la circularidad.
En ese equilibrio entre consumo para llevar, operativa de negocio y exigencia regulatoria, el cartón ha encontrado un lugar cada vez más sólido. No porque sea una respuesta mágica, sino porque hoy ofrece una salida comprensible para un sector que necesita adaptarse sin complicar la experiencia del cliente. Y en una hostelería que compite también en los detalles, ese tipo de decisiones termina pesando más de lo que parece.
FAQ
¿Por qué las cafeterías están usando más vasos de cartón en España?
Porque combinan varios factores que hoy pesan mucho en hostelería, mejor percepción del cliente, adaptación a nuevas exigencias ambientales, practicidad en el servicio para llevar y una imagen más coherente con negocios que quieren transmitir cuidado y sostenibilidad.
¿Los vasos de plástico siguen pudiéndose usar en la hostelería?
Depende del caso y del tipo de producto, pero en España la normativa ya introdujo medidas para desincentivar su uso. El MITECO recuerda que desde 2023 debe cobrarse por determinados productos de plástico de un solo uso, incluidos los vasos para bebidas contemplados en la ley.
¿El cambio hacia el cartón responde solo a la sostenibilidad?
No. También influyen la operativa diaria, la experiencia del cliente, la imagen del negocio y la necesidad de ofrecer un envase cómodo y funcional en servicios take away. La sostenibilidad es importante, pero no es el único motivo del cambio.
¿Qué papel juega la normativa europea en esta tendencia?
Un papel creciente. El Reglamento (UE) 2025/40 busca reducir residuos de envases y reforzar criterios de circularidad y sostenibilidad en todo el mercado europeo. Eso obliga a empresas y sectores intensivos en envases, como la hostelería, a revisar materiales y formatos.
¿El envase influye realmente en la percepción del café para llevar?
Sí. En hostelería, la experiencia no se limita al sabor. La comodidad del vaso, su resistencia, su estética y su coherencia con la imagen del local influyen en la valoración del producto, especialmente en entornos de consumo rápido y alta exposición pública.
¿Seguirá creciendo este tipo de envase en los próximos años?
Todo apunta a que sí, porque confluyen hábitos de consumo ya consolidados, presión regulatoria y necesidad de soluciones funcionales para el take away. Más que una moda, parece una adaptación estructural del sector.





