Durante la jornada del Primero de Mayo, Intersindical Canaria (IC) y la Federación Sindical Canaria (FSC) —unión del Frente Sindical Obrero de Canarias (FSOC) y Sindicalistas de Base de Canarias (SBC)— manifestaron su firme rechazo al empobrecimiento de los trabajadores del archipiélago y a la escalada militarista a nivel internacional. Ambas organizaciones calificaron el periodo actual como “uno de los procesos históricos para la clase trabajadora más complicados e indeseables”, subrayando que la clase obrera canaria enfrentó embates añadidos y dificultades profundas a causa de una discriminación y segregación histórica.
Las entidades sindicales dirigieron duras críticas hacia la patronal, a la que tildaron de “mayoritariamente cavernaria en lo social”. Según el manifiesto conjunto de la jornada, el sector empresarial mantuvo su continuado objetivo de “extremar la explotación de la clase trabajadora de las islas” mediante la imposición de los salarios y derechos más bajos del Estado, mientras elevaba “avariciosamente y sin límite” sus beneficios. Esta brecha económica se evidenció, indicaron, con especial gravedad en el sector de la hostelería, donde las retribuciones de las plantillas transcurrieron de forma inversamente proporcional a las altas ganancias de las empresas.

El Gobierno de Canarias, conformado por el Partido Popular y Coalición Canaria, también fue objeto de censura durante las reivindicaciones del Día del Trabajador. Los sindicatos acusaron al Ejecutivo de derecha de estar “obcecado en su política de favorecer los intereses de la clase empresarial mediante dádivas, subvenciones y beneficios fiscales”. Al mismo tiempo, denunciaron que el Gobierno autonómico ignoró a los empleados de los servicios públicos, forzando a sectores como el sanitario o el de los derechos sociales a convivir con una “situación laboral menesterosa”.
Frente al discurso institucional sobre la buena marcha económica, Intersindical Canaria y la Federación Sindical Canaria advirtieron que dicha narrativa enmascaró a una población deficitaria en derechos. Los representantes sindicales alertaron sobre la existencia de centenares de miles de canarios en situación de pobreza, afectados por una inflación constante, la incapacidad de mantener una dieta saludable y la imposibilidad de acceder a una vivienda, ya fuera en propiedad o alquiler. Asimismo, responsabilizaron al Gobierno y a la patronal de promover la especulación territorial en un archipiélago “saturado turísticamente y sobrepasado en densidad poblacional”, una situación que, denunciaron, trituró los espacios naturales, colapsó los servicios públicos infradotados y borró la identidad del pueblo canario.
“No a la guerra”

En el marco internacional, el Día del Trabajador sirvió de escenario para una enérgica condena al “culto al armamentismo” del que —aseguran— “no escapa el actual gobierno español junto a sus socios europeos”. Los sindicatos denunciaron el régimen impuesto por “los sátrapas y genocidas Trump y Netanyahu“, acusándolos de pisotear el derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos mediante una cruzada que, según afirmaron, asesinó a líderes, invadió ciudades, robó recursos y utilizó el hambre como arma de guerra. Frente a esta deriva bélica, lamentaron que los trabajadores resultaron ser los principales damnificados por la pérdida de sus derechos laborales y sociales.
Para concluir su balance de la situación socioeconómica, las agrupaciones señalaron la incoherencia de enfrentar esta realidad opresiva con un panorama sindical “débil y degradado” por su fraccionamiento. Como respuesta a la jornada reivindicativa, las organizaciones renovaron públicamente su compromiso de avanzar hacia “la Unidad plena de la Clase trabajadora canaria mediante la convergencia sindical de clase y nacionalista”, reivindicando la necesidad de una organización soberanista capaz de aglutinar a la mayoría laboral para frenar los embates conjuntos de la patronal, el Gobierno y el capitalismo internacional.







