Inaugurado el periodo de crítica abierta al turismo

Por Jorge Marichal, presidente de Ashotel

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Qué extraña coincidencia, oigan. Cada cuatro años, como un cometa puntual que solo nosotros parecemos ver venir, se acercan las elecciones generales y autonómicas —en este caso, las de mayo de 2027— y, mira tú por dónde, el turismo vuelve a convertirse en el gran villano de la función. No falla. Es casi de una precisión suiza, tan fiable como cualquier previsión meteorológica de la Aemet para el Teide.

Quienes hasta hace unas semanas sacaban pecho por la fortaleza y resiliencia del sector turístico y por su innegable aportación a la economía regional, ahora cambian de bando y lo atacan. ¿Ha pasado algo nuevo en el sector que lo justifique? En absoluto, la respuesta está en que entramos en precampaña y hay que ir “calentando al personal” con aquello que está de moda, que es trendy. Y atacar al turismo en campaña lo es y, desgraciadamente, da votos.

Se vuelve a sacar del cajón y se les sacude el polvo a tasas, ecotasas y a la diversificación económica, porque el turismo parece que ya no vale, aunque siga financiando gran parte de la educación y sanidad en estas islas. Pactos antinatura empiezan también a cocinarse con año y medio de antelación como quien prepara un mojo para cualquier fiesta popular. Pero permítanme el asombro fingido: qué casualidad que, justo cuando arranca la precampaña más larga de la democracia española, el turismo vuelva a ser el escenario preferido para hacer bandera verde sin mancharse las manos con las cosas de verdad incómodas.

Porque no nos engañemos: hablar de “turismo regenerativo” es gratis. Hablar de por qué en Canarias hay barrios enteros donde un trabajador o trabajadora del sector turístico no puede alquilar una vivienda cerca de su propio hotel, ya cuesta bastante más. Ahí la épica se acaba.

Desde Ashotel llevamos años, no meses ni una legislatura, años diciendo lo mismo, aunque a veces dé la sensación de que hablamos un idioma que solo entendemos los del sector y no porque seamos más listos, sino porque sabemos de lo que hablamos, mientras otros “tocan de oídas”.

El problema de fondo no es que vengan turistas a Canarias. El problema es que durante décadas nadie planificó infraestructuras, ni vivienda, ni transporte, ni redes de saneamiento pensando en que Canarias iba a crecer en población residente al mismo ritmo —o más— que en visitantes. Se construyeron aeropuertos y autopistas mirando el corto plazo electoral, no el largo plazo demográfico. Y ahora, cuando las carreteras colapsan o el precio de la vivienda se vuelve insoportable, resulta que la culpa es de la pareja que viene de Düsseldorf a tomar el sol diez días.

Miren, que quede claro: nosotros no pedimos que no se hable de los límites del crecimiento turístico. Al contrario, lo llevamos pidiendo desde hace tiempo, con nuestros propios frenos incluidos. Lo que no aceptamos es que se use el turismo como cortina de humo para tapar el verdadero desastre, que tiene nombre y apellidos: el descontrol absoluto del crecimiento de la vivienda vacacional, que en apenas una década ha pasado de ser una anécdota a superar las 247.000 plazas en Canarias, mientras se perdían más de 50.000 plazas de alojamiento reglado por el camino. Eso no lo ha hecho el turista. Eso lo ha permitido, año tras año, la ausencia de una ordenación territorial seria que distinguiera con claridad qué suelo es turístico y qué suelo es residencial, permitiendo la mezcla de ambos tipos de suelo y generando problemas a residentes y a turistas.

Porque esa es la trampa: la vivienda vacacional descontrolada ha colado el turismo dentro de los propios núcleos residenciales, ha encarecido el alquiler para el vecino de toda la vida y ha roto un modelo de zonificación que llevaba décadas funcionando razonablemente bien. Eso no es “exceso de turismo”. Eso es dejadez urbanística con nombre propio, aprobada, tolerada o mirada para otro lado por quienes tenían la obligación de ordenarla y no lo hicieron a tiempo. La Ley 6/2025 de Ordenación Sostenible del Uso Turístico de las Viviendas, que tanto ha costado sacar adelante y que tanto ruido ha generado, llega, sencillamente, con años de retraso sobre el problema que pretende resolver.

Así que, con perdón por la ironía, permítanme una sugerencia desinteresada a nuestra clase política de cara a la campaña que ya ha empezado, aunque falten meses para las urnas: cuando busquen a quién señalar por el colapso de infraestructuras, por la falta de vivienda asequible o por la presión sobre los núcleos residenciales, prueben a mirar hacia atrás, hacia los planes generales que no se redactaron, las inversiones en depuración y movilidad que se aplazaron legislatura tras legislatura, y las declaraciones responsable de vivienda vacacional que se concedieron —o se toleraron sin concederse— sin revisarse jamás y sin pensar en el día después.

El turismo seguirá aquí en 2027, gane quien gane, y seguirá sosteniendo el empleo de cientos de miles de familias canarias y financiando buena parte de nuestro estado de bienestar. Lo que no puede seguir es la comodísima costumbre de usarlo como saco de boxeo cada vez que se acerca una cita electoral, mientras el verdadero problema —la falta de planificación histórica— se queda, como siempre, esperando su turno en la sala de espera institucional.

El Digital Sur

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