Noticias Tenerife El eco imborrable de la calle Amalia Alayón: Diez años de la tragedia de Los Cristianos

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El eco imborrable de la calle Amalia Alayón: Diez años de la tragedia de Los Cristianos

Se cumple una década del repentino colapso del edificio Julián José, un suceso que arrebató siete vidas, paralizó el sur de Tenerife y desencadenó una oleada de solidaridad y un operativo de rescate sin precedentes en Canarias.

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Hay cicatrices urbanas que el tiempo no logra borrar, y el vacío que impera en el número 12 de la calle Amalia Alayón es el reflejo de una de ellas. Este martes, 14 de abril de 2026, se cumple una década exacta desde que el corazón de Los Cristianos se detuvo de forma abrupta. A las nueve y media de la mañana de aquel fatídico 2016, el edificio Julián José colapsó sobre sí mismo en apenas unos segundos, sepultando bajo toneladas de hormigón el trajín diario de sus vecinos y dejando una herida profunda en toda la isla de Tenerife. Siete vidas quedaron trágicamente truncadas bajo los escombros.

El estruendo ensordecedor de aquella mañana dio paso a un silencio sobrecogedor, roto rápidamente por las sirenas y la movilización de una sociedad entera. El desplome obligó al desalojo preventivo de noventa personas de los bloques colindantes y desencadenó una de las operaciones de emergencia y rescate más complejas de la historia reciente de Canarias.

Efectivos de emergencia durante las labores de rescate de las víctimas entre los escombros del edificio Julián José / Foto: Dux Garuti

Durante jornadas interminables marcadas por la angustia y el esfuerzo extremo, más de doscientos cincuenta efectivos trabajaron a destajo sobre la montaña de cascotes. En aquel escenario de incertidumbre y dolor, la administración local tuvo que reaccionar con una celeridad extrema. Al entonces alcalde de Arona, José Julián Mena, le correspondió liderar la respuesta institucional frente a la mayor catástrofe del municipio en décadas, coordinando no solo la logística del operativo, sino también el acompañamiento humano a las familias en un gabinete de crisis que permaneció activo día y noche.

Bomberos, agentes de las policías Local y Nacional, Guardia Civil, Protección Civil, personal sanitario y decenas de voluntarios se unieron, desafiando el agotamiento y el riesgo de nuevos desprendimientos. A este contingente se sumó un despliegue crucial de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que trasladó a la zona a sesenta efectivos y a cuatro perros rastreadores de su unidad cinológica, cuya intervención fue determinante en las horas más críticas de la búsqueda.

Efectivos de emergencia durante las labores de rescate de las víctimas entre los escombros del edificio Julián José
Efectivos de emergencia durante las labores de rescate de las víctimas entre los escombros del edificio Julián José / Foto: Dux Garuti

La tenacidad y el empeño de los equipos de rescate, que cavaron sin descanso entre el polvo y las ruinas, lograron obrar el milagro de extraer a dos personas con vida. Fueron dos instantes de enorme esperanza en medio de un escenario devastador que, irremediablemente, culminó con la confirmación de la pérdida de sus siete habitantes.

Carroza fúnebre durante el traslado de las víctimas tras el derrumbe del edificio Julián José en Los Cristianos / Foto: Dux Garuti

Aquellos nombres, hoy grabados en la memoria colectiva del municipio, representaban el alma diversa de una comunidad que compartía un mismo techo. El destino unió en aquel trágico final a Antonio Jesús García Beltrán, vecino de Los Cristianos de 55 años; a Mariflor González y Noemí Ruiz Rodríguez, de 71 y 29 años respectivamente, ambas naturales de Asturias; a la ciudadana marroquí Hanan Mrabet, de 41 años; a los italianos Graziella Fagnoli, de 77 años, y Alessandro Locatelli, de 41; y al finlandés Markku Tapinnen, de 72 años. Siete historias personales que aquel jueves de abril se detuvieron para siempre.

Ánima Marrero, durante un acto de recuerdo en la calle Amalia Alayón
Ánima Marrero, durante un acto de recuerdo en la calle Amalia Alayón

Hoy, al cumplirse diez años de la tragedia, el lugar del siniestro sigue siendo un espacio sagrado de recogimiento. El muro que rodea el solar vuelve a amanecer cobijando flores, velas encendidas y las miradas silenciosas de quienes transitan por la zona. Los vecinos, la comunidad de afectados representada por figuras como Ánima Marrero, los comerciantes del barrio y los rescatistas que vivieron de cerca el suceso, mantienen vivo el recuerdo de los ausentes con la misma intensidad del primer día.

Una década después, Arona ha continuado su rumbo y la vida ha seguido su curso en Los Cristianos, pero el pueblo se sigue deteniendo cada 14 de abril frente a ese rincón de la calle Amalia Alayón. Lo hace para guardar un respetuoso silencio y cumplir con una promesa tácita: la de no olvidar jamás a esas siete personas que se convirtieron, para siempre, en parte imborrable de su memoria.

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