Luis González Zaffaroni: “El compromiso del autor es con el cine”

Luis González Zaffaroni. foto: Patri Cámpora.

El director de los mercados de DOCMontevideo y DOCSP ve a MiradasDoc como “un festival que tiende la mano al espectador y puede entablar un diálogo con un público amplio”

El director de dos de los mercados de documentales más importantes de Sudamérica, el que se organiza en torno al festival de cine documental de la capital uruguaya, DOCMontevideo, y el de la ciudad de Sâo Paulo, DOCSP, Luis González Zaffaroni, asegura que “el compromiso del autor de documentales es con el cine”. El documentalista, que es también un artista, como tal “es irreverente ante cualquier tipo de fronteras, incluidas las políticas, hasta las del lenguaje… el arte tiene que ser transgresor con esas fronteras y eso se ve muy claro en esta edición en las películas polacas”, asegura Zaffaroni, que participa en esta edición como miembro del jurado que concede los premios de los concursos al mejor largometraje y al mejor corto documental.

Zaffaroni ve a MiradasDoc como “un festival que tiende la mano al espectador y puede entablar un diálogo con un público amplio”, dice al tiempo que agradece la invitación a formar parte del jurado, porque le abre la oportunidad de “bloquear un tiempo para situar en primer lugar el visionado de las películas”, algo que no siempre le permite su trabajo de forma tan intensa y extensa.

 

-¿Qué le ha permitido conocer del cine documental más reciente la oportunidad de ser jurado en esta edición de MiradasDoc?

Me pareció muy interesante la selección. Los cortos fueron lo que más me oxigenó y me permitió descubrir talentos y movimientos, como el de la escuela polaca, y alguna sorpresa en cortos que vinieron de América Latina. Me pareció que la propuesta del festival es interesante porque, además de priorizar como el buen cine, es inclusiva y aporta también a la construcción de público para el cine documental, que es tan importante, por esa diversidad de lenguajes, de temáticas, de formas de narrar, es un festival que tiende la mano al espectador, no solo a los iniciados, puede entablar un diálogo con un público más amplio. Este espacio que se genera aquí, en este municipio, entre este centro cultural y el auditorio funciona muy bien como ecosistema para el encuentro y para las reuniones. Hay gente a la que le gustaría pasar la noche aquí para generar una convivencia entre todos los participantes.

-Usted participó en el Primer Foro de Coproducción África-América Latina en esta edición de MiradasDoc. ¿Cómo valora la experiencia?

Espero que este viaje sea el comienzo de un vínculo que comenzó por conversaciones por Skype con David Baute y Alejandro Krawietz para encontrar espacios nuevos para desarrollar el cine documental y el desarrollo profesional del sector y creo que fue algo novedoso de lo que fuimos cómplices en la idea, pero que MiradasDoc asumió la responsabilidad de llevarlo adelante, fue este primer encuentro entre Latinoamérica-Canarias-África, una línea de trabajo que se pueda continuar y que desde Canarias lo puedan ver con una visión estratégica para posicionar no solo al municipio y a Tenerife, sino a todas las Islas Canarias en relación a ese puente que pueden hacer por estar geográficamente en África, políticamente en Europa e históricamente en diálogo con América Latina. Esos tres elementos tienen que ser un diferencial de la identidad de este festival y de este mercado, encontrando una singularidad muy justificada y muy necesaria porque todavía ese espacio no existe con esa identidad en otro lugar. Es un hallazgo en esta edición de MiradasDoc y una línea de trabajo que requerirá compromisos de instituciones políticas y financieras para poder hacer de esto no un titular sino una acción transformadora que construya lazos culturales y productivos y que fomente industria y desarrollo del sector haciendo esa triangulación entre Europa, Latinoamérica y África.




-¿Cómo son ahora las relaciones entre MiradasDoc y DOCMontevideo?

Comenzamos el diálogo con MiradasDoc en 2016, con el planteamiento de ofrecer un premio para que un documental latinoamericano viajara para Canarias. Es una línea de trabajo nuestra de hace años, pero no habíamos logrado ese puente para Canarias. La movilidad es un tema importante para los creadores y estas plataformas permiten conseguir recursos que promuevan esos movimientos de creadores, tan necesario para el encuentro cara a cara, para construir relaciones y las confianzas necesarias para emprender cualquier proyecto juntos como colaboración o coproducción.

-¿Hasta dónde pueden llegar estas nuevas relaciones de coproducción?

Hay todo un camino por recorrer en la relación entre África y América Latina. Estos caminos de emprendimiento son aventuras gratificantes porque permiten descubrir en otros territorios y en otras culturas talentos y motivaciones y búsquedas de los caminos para hacer viables los proyectos que, en definitiva, son muy iguales en todos lados. Es muy fácil generar esos encuentros. La cultura y la creación en general tienen la posibilidad de unir pueblos y culturas, de integrar a partir de comprender y compartir los procesos y desafíos creativos de unos y de otros, que tienen sus similitudes, sus analogías, y que generan una conexión muy directa en lo personal entre unos y otros desde una horizontalidad muy humana.

-¿Qué aporta el documental como factor diferencial ante la necesidad de expresión de una  cultura?

Si miramos al cine, en el terreno del documental, en el cine de lo real, que tiene ese anclaje que a partir de la realidad construye un discurso, una historia o fábula de esa realidad, en ese territorio del documental creativo, del documental autoral, subjetivo, se está dando hoy lo más interesante en la exploración del lenguaje cinematográfico, de expansión del territorio fílmico, de la gramática, de la sintaxis del cine.

-¿Cómo podría explicar la experiencia del rodaje documental?

El documental trabaja con una materia que es la vida y el objeto con el que te vas a relacionar, sea un espacio, una persona, un movimiento social te va a condicionar tiempos. En el montaje uno se reencuentra con toda la dramaturgia que se utiliza en la ficción o que se hereda de la literatura, que va mucho más avanzada en la exploración del lenguaje, y utilizas todas las herramientas de la complejidad del lenguaje para montar una realidad, como si fuera una ficción. La diferencia es que en la ficción te ajustas a un guion que ya acotó unos caminos narrativos y de lenguaje. En el documental, en el montaje te encuentras con las posibilidades infinitas de nuevo para construir una historia. En el documental, el director es el filósofo, y el montador es el narrador, lo que se llama el story teller. Debes tener una conciencia sobre el proceso creativo que tal vez no sea tan necesario en otra disciplina artística. El documentalista en parte es filósofo, performer, escritor, orador, diplomático. Para poder crear la obra tenés que adiestrarte en muchos otros terrenos. Eso se ve en la nueva generación de cineastas en España, en América Latina, ves una conciencia sobre la búsqueda que hay en los caminos estéticos, narrativos, expresivos, que le da otro valor a la obra, y es que, además de la obra, en el documental, además, te pasa que las personas que están detrás de la obra son muy interesantes, porque hacer la película fue una experiencia de vida profunda, reveladora, que lo hizo meterse en el barro, que lo hizo tocarse, que lo hizo vincularse con otro y que emocionalmente lo cambió. Me gusta un concepto que he escuchado: básicamente, no hay diferencia entre el documental y la ficción, la diferencia es que, en el documental, cuando llueve, te mojás.

 

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