Rocamora busca en MiradasDoc apoyo «la nueva vida de un exrecluso de Guantánamo en Uruguay»

Guillermo Rocamora y Santiago López (Uruguay) Foto: Patri Cámpora.

El proyecto ganó en DocMontevideo el premio del festival canario para participar en el ‘pitching’ de la presente edición.

El joven realizador uruguayo Guillermo Rocamora participa en el pitching del XI Festival y Mercado Internacional de Cine Documental de Guía de Isora MiradasDoc con el proyecto El camino de Allah, un largometraje documental con el que quiere retratar “la segunda oportunidad en la vida” para un exrecluso palestino en Uruguay tras ser liberado de la prisión estadounidense de Guantánamo. El pitching es una actividad de MiradasDoc Market mediante la cual documentales en fase de preproducción o de rodaje se presentan ante posibles financiadores después de haber pasado por un taller de preparación ofrecido por el propio mercado.

El camino de Allah participa en el pitching tras haber obtenido un premio concedido por MiradasDoc en DocMontevideo, un certamen al que precisamente los productores acudieron en busca de apoyo para el desarrollo de este proyecto, en el que pretenden registrar la vida de Muhammad, un palestino de 39 años de edad que hace dos años, y gracias a un acuerdo entre los entonces presidentes de Uruguay, José Mugica, y de Estados Unidos, Barack Obama, salió de la prisión de Guantánamo y comenzó a rehacer su vida en un país con una cultura, un idioma y una religión que le son totalmente ajenos. Este acuerdo, que formaba parte del plan de Obama para cerrar la prisión, convirtió a Uruguay en el primer país latinoamericano en recibir a exreclusos del tristemente célebre recinto carcelario.

 

La aventura cinematográfica de Guillermo Rocamora y el productor Santiago López no podría haber comenzado mejor: el premio de MiradasDoc, gracias al cual ambos están en estos días en Guía de Isora participando en el pitching, se suma al otorgado por el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México y a una importante ayuda económica concedida por el Instituto de Cine del Uruguay, dinero con el que han podido ir construyendo los primeros peldaños de este relato de nuevas oportunidades que comienza en Uruguay, “aunque el fantasma del pasado está presente en Muhammad, que siempre insiste en su inocencia”. “En la etapa de desarrollo –señala Rocamora– lo complejo es cómo transmitir bien la idea que estás buscando”. A tenor de lo logrado hasta ahora, no cabe duda de que los dos jóvenes han conseguido contagiar su entusiasmo.




MiradasDoc, festival con alma

Sobre su presencia en MiradasDoc, Santiago López señala que “es un festival y un mercado que tiene relevancia, por lo que haber ganado el premio para estar acá ya acredita que tu proyecto vale, y después está la oportunidad para nosotros, que venimos del sur, de tocar Europa y estar cerca de mercados más importantes. Era una oportunidad que no podíamos despreciar y se van cumpliendo las expectativas que teníamos del festival”. Por su parte, Rocamora afirma que la impresión que se está llevando de MiradasDoc es mucho mejor de lo que pensaba: “Hay muchos festivales y mercados, pero hay pocos que tengan alma, y la sensación acá es que está hecho con mucho amor, que está cuidado todo, que hay un respeto hacia los realizadores, que la selección está finamente hecha. El pitching es muy cuidado, acompañando el proyecto, no del tipo ‘tenés que hacer así’, sino ‘¿cómo vas?, ¿cómo te encontrás?’, y eso se agradece”.

El rodaje de El camino de Allah comenzó hace un año. “El sistema que hemos encontrado con el personaje es seguirlo en algunos momentos clave y en su rutina diaria algunos días en semana, en los que yo lo acompaño en esa inserción en su nueva vida después de haber pasado trece años en Guantánamo”, explica el director. Muhammad es el único palestino de los seis reos liberados que acabaron en Uruguay; además, aunque todos son musulmanes, él es el más estricto en cuanto a sus prácticas religiosas, lo que le ha ocasionado problemas para encontrar un trabajo que se adecue a sus ritos. “No tiene profesión porque nunca estudió, ya que entró en Guantánamo con veintidós años –añade Rocamora–, e incluso la carne que compra la tiene que cortar según sus tradiciones”.

El palestino lleva dos años en Uruguay y, aunque no domina el idioma español y la comunidad musulmana es prácticamente inexistente en el país, se ha casado con una uruguaya que se convirtió al islam mientras vivía en Barcelona; con ella tiene una hija y espera un segundo vástago.

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