Los hospitales exploran la inteligencia artificial para codificar diagnósticos, pero insisten en que la revisión humana es imprescindible

Una década después de la implantación de la CIE-10-ES, la clasificación suma 524 nuevos códigos de procedimientos y la tecnología empieza a proponer códigos a partir de los informes médicos, según la directora gerente de ASHO

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La inteligencia artificial empieza a abrirse hueco en uno de los procesos menos visibles, pero más relevantes, de la gestión sanitaria: la codificación clínica. Así lo plantea Ruth Cuscó, directora gerente de ASHO, quien sostiene que “la incorporación de la inteligencia artificial plantea nuevas oportunidades para optimizar la codificación clínica y mejorar el aprovechamiento de la información hospitalaria”. La reflexión llega en octubre de 2026, cuando se cumplen diez años de la implantación en España de la CIE-10-ES.

La codificación clínica es la pieza que permite convertir la información recogida en los informes médicos en datos estructurados. Gracias a ella es posible analizar la actividad hospitalaria y contribuir a la planificación de los recursos sanitarios. El proceso dio un paso importante en 2016, cuando se implantó la CIE-10-ES, el sistema de referencia en el país para clasificar diagnósticos y procedimientos.

Desde entonces, la clasificación ha evolucionado al ritmo de los avances médicos y de las necesidades del sistema sanitario. Su sexta edición, publicada en enero de 2026, incorporó nuevas actualizaciones tanto en diagnósticos como en procedimientos. En este último ámbito se han añadido 524 nuevos códigos, que amplían las posibilidades de registrar con mayor precisión las intervenciones y las tecnologías sanitarias.

Cuscó subraya el reto que esto supone para los equipos: “La codificación clínica ha tenido que adaptarse a una medicina cada vez más compleja, en la que es fundamental registrar correctamente la información de cada episodio asistencial. Mantenerse al día de los cambios en la clasificación exige conocimiento especializado y formación continua”.

A esa evolución de la clasificación se suma ahora el desarrollo de la inteligencia artificial, que abre nuevas posibilidades para analizar los informes médicos, identificar información relevante y proponer códigos que faciliten el trabajo de los equipos de codificación clínica. Uno de sus principales avances es la capacidad de analizar documentación clínica escrita en lenguaje natural. Mediante técnicas de procesamiento del lenguaje, estas herramientas pueden identificar diagnósticos, localizar información relevante en los informes de alta y proponer los códigos correspondientes de la clasificación, lo que facilita parte de un proceso que tradicionalmente exige revisar e interpretar documentación médica.

La directora gerente de ASHO describe así el cambio: “La evolución más importante es que la tecnología ya no se limita a organizar datos, sino que puede ayudar a interpretar la información recogida en los informes clínicos y proponer códigos para su revisión. Esto abre nuevas posibilidades para agilizar el trabajo, pero también exige comprobar que cada propuesta se ajusta a lo que realmente recoge la documentación”.

La IA, además, puede contribuir a reducir las tareas administrativas asociadas a la gestión de la información sanitaria, desde la preparación de borradores de informes hasta la extracción y organización de datos clínicos. Su aplicación puede agilizar determinados procesos y ayudar a los profesionales a trabajar con grandes volúmenes de información, aunque los resultados dependen de la calidad de la documentación y de la capacidad de las herramientas para interpretar correctamente cada caso.

Precisamente por ello, Cuscó advierte de los límites de la herramienta: “La inteligencia artificial puede ayudarnos a agilizar determinadas tareas y a gestionar grandes volúmenes de documentación, pero su utilidad depende de la calidad de la información de partida y de que los resultados se revisen adecuadamente. La tecnología debe facilitar el trabajo de los profesionales, no sustituir su criterio”.

La supervisión resulta especialmente importante para comprobar que los códigos se corresponden con la documentación clínica y que se aplican correctamente las normas de clasificación. Una codificación precisa, concluye la información facilitada por la empresa, contribuye a mejorar la calidad de los datos con los que trabajan tanto los centros sanitarios como las administraciones.

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