Noticias Tenerife El Último Guardián de Las Galletas: crónica de la “extinción programada” de la pesca artesanal en Canarias

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El Último Guardián de Las Galletas: crónica de la “extinción programada” de la pesca artesanal en Canarias

Con el pescador más joven de este puerto sureño rozando los 44 años, Carlos Braun, presidente de la Asociación de Pescadores San Casiano, alerta y toma acción por vocación ante una burocracia que impide el relevo generacional mientras favorece a los lobbies industriales

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En el puerto de Las Galletas, al sur de Tenerife, la brisa huele a salitre y a despedida. Entre las embarcaciones que se mecen en el muelle, una estadística invisible pesa más que cualquier red cargada de capturas: el pescador más joven que faena en estas aguas tiene 44 años. No hay aprendices de veinte años limpiando cubierta, ni adolescentes aprendiendo a empatillar anzuelos. Hay un vacío generacional absoluto.

Esta cifra no es una casualidad, es la “prueba del delito” que denuncia Carlos Braun, con más de 30 años de experiencia, el presidente de la Asociación de Pescadores San Casiano (que agrupa a 60 armadores) y futura cabeza de la Federación Regional de Pesca Artesanal FENAPA en Canarias, una entidad que unirá a más de 100 barcos entre todas las islas. Braun ha decidido hablar y destapar lo que califica como una “estrategia política” para acabar con la pesca tradicional en las islas, pues indica que la media de edad en este sector ya está entre los 35 y 40 años.

La mentira necesaria: educar ocultando el dolor

Para combatir esta muerte anunciada, Braun se ha embarcado en una cruzada personal: la educación. Regularmente y, a voluntad propia, los profesores y menores del CEIP Luis Álvarez Cruz se movilizan al puerto aronero de Las Galletas dónde el profesional de la pesca les imparte charlas a los escolares. Les da a conocer las artes del oficio, les habla de la mística del mar y trata de inocularles el veneno de la profesión. Los niños salen encantados, fascinados por un mundo que desconocen pese a vivir en una isla. De hecho, el profesional del arte de la pesca manifiesta, que es tal el desconocimiento que “los menores piensan que el atún viene de una lata, y yo les enseño que no, que hay una historia detrás, que existen los pescadores y que hay mucha gente que vive de ello”.

Carlos Braun, a bordo de su embarcación, durante una actividad formativa con menores en el puerto de Las Galletas
Carlos Braun, a bordo de su embarcación, durante una actividad formativa con menores en el puerto de Las Galletas / EDS

Por otra parte, el veterano pescador vive con una dolorosa contradicción. Cuando se planta frente a esos alumnos, no puede ser honesto. “Yo a los niños no les digo la realidad. Si les cuento la verdad sobre la asfixia burocrática y el maltrato institucional, cierran la puerta y no vuelven”, confiesa.

En su lugar, les vende una promesa de futuro basada en la ley de la oferta y la demanda: “Les explico que, como no hay relevo generacional, el día de mañana no tendrán competencia. El pescado fresco local será un bien tan escaso que se valorará muchísimo y ganarán dinero”. Es una mentira piadosa, un intento desesperado de plantar semillas en un campo que, a su entender, la administración se ha encargado de secar.

Burocracia contra tradición: la ruptura del vínculo

El diagnóstico de experto es claro: el sistema está diseñado para romper la cadena de transmisión de padres a hijos. Hace décadas, el oficio se aprendía a bordo, desde edades muy tempranas. Hoy, la normativa lo prohíbe terminantemente, obligando la formación a pasar por las vías regladas.

Braun señala la hipocresía de la legislación actual dependiente de la Secretaría General de Pesca y la Marina Mercante: “Si tienes un barco de recreo y te sacas el PER (Patrón de Embarcaciones de Recreo), puedes llevar a niños, ancianos y navegar entre islas sin problemas. Pero nosotros, los profesionales, tenemos prohibido llevar a nuestros propios hijos a pescar”.

Esta restricción administrativa impide que los jóvenes desarrollen el amor por el mar en edades tempranas. Cuando cumplen los 18 años, ya es tarde; se han criado de espaldas al puerto y, ante la perspectiva de un trabajo duro y perseguido, eligen cualquier otra salida.

Carlos Braun, en el puerto de Las Galletas, enseñando a los menores los distintos tipos de peces mediante un cartel educativo
Carlos Braun, en el puerto de Las Galletas, enseñando a los menores los distintos tipos de peces mediante un cartel educativo / EDS

La guerra del Atún Rojo: banquete para la industria, migajas para el artesano

Pero si la falta de cantera es el problema futuro, la gestión de cuotas es la ruina presente. Carlos Braun pone sobre la mesa datos técnicos que demuestran un desequilibrio que califica de “criminal”.

La pesca en Canarias es artesanal: se pesca uno a uno, con anzuelo, respetando tallas y tiempos. Sin embargo, el reparto de la cuota nacional del atún rojo favorece escandalosamente a la pesca industrial. —Según sus datos— “Los industriales tienen el 84% de la cuota nacional. A los artesanales de Canarias, repartido entre todas las islas, nos dejan apenas un 8%“, denuncia Braun.

Lo más grave, según explica, no es solo el porcentaje, sino el cuándo. La flota industrial de cerco captura el atún en el Mediterráneo y Baleares durante la época de la “fresa” (el desove), justo cuando los peces se agrupan para reproducirse. “Están capturando toneladas en pleno éxtasis reproductivo, matando más de lo que pescan y saltándose el artículo 17 de la normativa europea que dice que hay que premiar a la pesca artesanal”, pero, en lugar de ello, “están premiando a la pesca industrial”, sentencia. Mientras tanto, la flota canaria artesanal espera a que el atún crezca y llegue al tamaño y peso apropiado, la industria los captura masivamente antes de que terminen su ciclo necesario.

Carlos Braun enseñando a los menores el uso de los materiales de la pesca artesanal
Carlos Braun enseñando a los menores el uso de los materiales de la pesca artesanal / EDS

Por otra parte, la situación actual ha provocado que los pescadores independientes se organicen al margen de las Cofradías de Pescadores. Según Braun, las cofradías son entidades de derecho público que viven de las subvenciones del Gobierno y cuyos dirigentes, los Patrones Mayores tradicionales, están “atados de pies y manos” para no morder la mano que les da de comer. “Por eso nacen asociaciones como San Casiano y la federación Fenapa. Nosotros no vivimos de subvenciones, en los estatutos de nuestra federación no tenemos sueldos, nos pagamos nuestros pasajes a Madrid para ir a gritar la verdad y defender la pesca, no para sacarnos la foto y comer en buenos restaurantes”.

Agenda 2030 y soberanía alimentaria

Para el presidente de la Asociación San Casiano, el problema trasciende lo local. En su análisis, todo responde a una hoja de ruta global, vinculada a la Agenda 2030, que busca favorecer a las grandes multinacionales y a las importaciones de terceros países en detrimento del productor local.

“Quieren que comamos pescado de laboratorio, de piscifactoría, lleno de antibióticos, igual que pasa con la fruta y la carne llena de hormonas que viene de Marruecos sin control fitosanitario”, argumenta. El objetivo final, según su visión, es enriquecer a los “lobbies alimentarios” y destruir la independencia del sector primario (agricultura, ganadería y pesca), convirtiendo a la población en dependiente de productos de baja calidad importados.

Un ultimátum al Gobierno

El mensaje final de Carlos Braun es un grito de auxilio y, a la vez, una advertencia al Gobierno canario y español. Su petición sería: conseguir el oxígeno que solo se lograría tumbando la Agenda 2030. “Nos tienen como con un sifón en el cuello, apretando para que no respiremos. Necesitamos que nos quiten el pie de encima, subvenciones reales al gasoil que está desorbitado y facilidades para que los jóvenes puedan entrar”, recordando que la pesca artesanal no es solo un trabajo; es conocimiento, esfuerzo, tradición, respeto por el mar y alimento de primera calidad.

Si nada cambia, el pescador más joven de Las Galletas seguirá cumpliendo años hasta jubilarse, el pronóstico, es que en los próximos 10 años esta profesión artesanal desaparezca, y con el último guardián del pueblo morirá no solo un oficio, sino una parte irremplazable de la identidad, la cultura y la despensa de Canarias. La flota artesanal se extingue, y esta vez, nadie podrá decir que no se les advirtió. “Su desaparición sería una pérdida irreparable para el archipiélago”, sentencia.

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