El Campus Sur de la Universidad de La Laguna, ubicado en el municipio de Adeje, ha inaugurado hoy, miércoles 23 de septiembre, su curso 2026-27 en una ceremonia celebrada en el auditorio de la villa con asistencia del rector de la institución académica, Francisco J. García Rodríguez; el alcalde-presidente titular, José Miguel Rodríguez Fraga; y una amplia representación tanto de la corporación municipal anfitriona como del equipo de gobierno universitario. La ponente inaugural fue la catedrática de la Universidad de Alicante Raquel Huete Nieves, con la ponencia “¿Por qué la sostenibilidad del turismo es una cuestión social?”.
En su intervención, el rector retomó parte del hilo argumental desarrollado en el acto de apertura de pasado 11 de septiembre en el Paraninfo universitario, reivindicando el papel de las universidades públicas como bastiones de la verdad avalada por la ciencia en una época donde la posverdad ha avanzado tanto que ya ha dado paso a la posmentira, y la “opinología” cubre espacios del debate público que antes ocupaban las aseveraciones rigurosas. Es, pues, un momento para apostar por la academia porque, parafraseando Derek Bok, antiguo presidente de la Universidad de Harvard: “Si cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”.
García también quiso destacar las excelentes relaciones mantenidas durante más de treinta años con el Ayuntamiento de Adeje, que comenzaron con los cursos estivales y dieron pie al establecimiento de un campus en la localidad, el cual ya formado a 150 egresados en Turismo. Reafirmó el compromiso de afianzar y dinamizar este proyecto; prueba de ello es la celebración este mismo mes en el municipio del XX Coloquio Internacional de Geografía del Turismo, con presencia de 187 especialistas de más de 30 instituciones nacionales e internacionales; y próximamente tendrá lugar una edición de ULL Opina centrada en los últimos 25 años del fenómeno turístico en Canarias.
Por su parte, el alcalde de Adeje resaltó que el conocimiento es uno de los valores más competitivos del turismo, la principal actividad económica de la región que crea la riqueza que después se reparte en vivienda, educación, sanidad o en buenos salarios. Por eso abogó por cuidarlo y afrontar sus desafíos desde la inteligencia humana, con pensamiento crítico, serio y riguroso, y no solo con eslóganes. “El sector turístico es mucho más que una actividad económica, es una actividad también social que necesita, sin duda, la incorporación de valor añadido que supone el conocimiento, la reflexión, la investigación y la formación”.
Rodríguez Fraga recordó que este año se ha cumplido con una aspiración reivindicada desde Adeje durante mucho tiempo, que el campus sea totalmente presencial. Recordó igualmente que la corporación municipal está mejorando las instalaciones para readaptarles a este crecimiento y darles un “segundo impulso” tras el esfuerzo inicial en el que se partió de cero. “Es muy importante, porque la formación es leer, pero también es la convivencia y lo que ocurre fuera del aula. Aquí están hoy los líderes del sector del futuro”.
Turismo, hecho social total

Raquel Huete señaló que el turismo debe desenvolverse en un mundo lleno de retos, por lo que la planificación debe ser capaz de generar negocios prósperos que reviertan en toda la sociedad. “El turismo define ya nuestro mundo. Los sociólogos decimos que el turismo es un hecho social total, porque influye y es causa y efecto de todo lo que pensemos, nuestra cultura, nuestra política, la vivienda, el paisaje, el territorio y la convivencia”. Reconoció que existen dificultades en ámbitos como la convivencia y el acceso a los recursos, y por eso en necesario pensar en el turismo desde lo social. “Hacer un turismo mejor será hacer una sociedad mejor”.
Sobre el malestar en destinos saturados, señaló que se da una desigual distribución de los beneficios; presión sobre las infraestructuras, el medio ambiente y el agua: y en general una presión sobre los recursos naturales que ha conducido a nivel global a una crisis de legitimidad inédita hasta la fecha. “Este es un gran reto que tenemos que afrontar”.
Explicó que no se ha logrado la diversificación de los mercados que en principio se esperaba “por la propia lógica del mercado”, que ha conducido a un modelo de sol y playa muy determinado por los intereses urbanísticos no solo en Canarias, sino en el Mediterráneo y en todo el modelo español. Un modelo muy sometido a los intereses inmobiliarios, a la falta de planificación y a una legislación tensionada entre el bien común y los intereses inmobiliarios muy importantes.
En los centros de las ciudades se está produciendo un proceso similar de “turistificación” con fenómenos como los mercados municipales que se reconvierten prácticamente en centros comerciales. “Ahora ya tenemos prácticamente las mismas tiendas, los mismos negocios, se va reproduciendo como una mancha de aceite lo que suponemos que los turistas quieren y hace que se homogeneice y que se pierda la esencia de los lugares”.
También se ha complejizado la tipología de los y las turistas, que ya no son solo quienes realizan estancas de una o dos semanas, sino que puede visitar un lugar durante un solo día sin pernoctar, o tratarse de nómadas digitales, a los autodenominados expatriados —que son inmigrantes de países ricos— y a inmigrantes temporales que vienen por trabajo, pero luego retornan.
Criticó la expresión de “turistas de calidad” en contraposición al llamado turismo de borrachera o masivo. “El problema no está en los turistas”, señaló. ¿Hacemos un estado policial en el que se persiga los malos hábitos de los turistas y los perseguimos?”. La respuesta, en su opinión, está en generar políticas y planificación del turismo que ponga a la población residente en el centro. “Y los residentes somos muchos”, matizó. “Los residentes son todos, también los nómadas digitales que residen temporalmente, también los inmigrantes temporales, los vecinos. No solo los que votamos, sino los que vivimos, los que participamos en el espacio social”.
Para ello, abogó por una gobernanza colaborativa que incluya a esta población residente en la toma decisiones a largo plazo, pero con mecanismos permanentes para poder decidir, no solo votando cada cuatro años o apelando al derecho a manifestación. “Que se establezcan lugares de participación ciudadana verdaderos, donde aparezcan comités de emergencia o comités ciudadanos para ver qué es lo que hacemos”.
Por ello, ese turismo más justo y sostenible no se logra solamente reajustando los flujos de viajeros y estableciendo los lugares donde concentrarlos. “Lo más importante es que entre todos seamos capaces de decidir qué sociedad queremos, porque si queremos que sea más justa, igualitaria e inclusiva, en la que todos quepamos y seamos bienvenidos, tendremos que trabajar por un modelo turístico que así lo refleje”.






