El Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras Periplo dio a conocer el pasado viernes, 23 de octubre, los premios de su decimocuarta edición, que reconocen a quienes entienden el viaje como “una forma de conocimiento, de encuentro y de transformación”. El jurado distinguió a la geógrafa y periodista Lola Escudero, a la Librería Altaïr de Barcelona y a Matilde Perera, bibliotecaria municipal de Puerto de la Cruz, en un acto que, según la organización, recoge “tres formas distintas de acercarse al mundo a través de las palabras”.
Escudero, geógrafa, periodista y divulgadora cultural, ha vinculado su trayectoria a la geografía, la literatura de viajes y la historia de la exploración. Su trabajo une el mundo editorial con la investigación histórica y con la difusión de las experiencias viajeras, que no se entienden solo como desplazamientos físicos, sino como formas de conocer otras culturas. Investiga la historia de los viajeros y las exploraciones, participa en actividades de divulgación y trabaja con publicaciones dedicadas al viaje. Es secretaria general de la Sociedad Geográfica Española desde 2006 y miembro de su Patronato, y además dirige la comunicación de Lonely Planet y GeoPlaneta.
El segundo galardón fue a parar a Barcelona, a la Librería Altaïr, a la que el festival define como “uno de los proyectos culturales europeos más relevantes” dedicados a pensar el mundo a través del viaje. Fundada en 1979, es la librería especializada en literatura de viajes más grande de Europa, con más de 50.000 títulos en catálogo. En sus más de cuatro décadas de historia se ha consolidado como espacio de referencia para viajeros, lectores y autores, y ha creado a su alrededor un lugar de encuentro y pensamiento. Junto a la editorial Folch & Folch, Altaïr puso en marcha el premio Altaïr. El ganador de su primera edición estuvo este año en Periplo, lo que inaugura una colaboración que permitirá llevar al festival a los premiados de las próximas convocatorias. La directora de la librería, Helena Bernadas, recogió la distinción.
El tercer reconocimiento tuvo, según la organización, un carácter “profundamente local y emotivo”. Matilde Perera, bibliotecaria municipal de Puerto de la Cruz, lo recibió en el año de su jubilación por su labor en el impulso de la literatura en el municipio y por su vínculo con Periplo. Al frente de la Biblioteca Municipal Tomás de Iriarte, Perera ha sido una pieza clave en la relación entre el festival y la ciudadanía, al facilitar el acceso a los libros y tejer complicidades entre el espacio bibliotecario y la programación del evento. Su despedida profesional coincidió con un homenaje que subraya el papel de la Tomás de Iriarte, fundada en 1969, como espacio cultural de referencia en la localidad. El centro ha recibido en catorce ocasiones el Premio María Moliner por sus proyectos de animación a la lectura.
Una clausura dedicada a la migración infantil y al periodismo olvidado
La decimocuarta edición de Periplo tenía prevista su jornada de clausura para el domingo 25 de octubre. Debía comenzar a las 12:00 horas en la Carpa Lago Martiánez con la presentación de La hija del viento. Mi voz, mi historia, mi lucha, el primer libro de Binta Claire Sy, una joven senegalesa que llegó sola a Canarias con doce años y que hoy estudia en Gran Canaria. En conversación con el periodista José Naranjo, iba a compartir su viaje, sus miedos y sus sueños en un relato en primera persona que busca reivindicar que otras niñas “puedan decidir sobre su futuro”. La cita se enmarca en el proyecto documental Travesías, de José Naranjo y Juan Luis Rod, sobre menores migrantes llegados a Canarias.
El cierre del festival correspondía a la conversación Reporterismo de Paz: periodismo y cooperación frente al olvido, con Dolors Mañé, de la Fundación Vicente Ferrer, la periodista Rosa María Calaf y Nicolás Castellano. La mesa abordaría el encuentro entre periodismo y cooperación internacional para recuperar realidades que han desaparecido de la agenda mediática. Sus participantes iban a reivindicar un periodismo “pausado, riguroso y comprometido” que se acerque al terreno y a las comunidades que lo habitan.




