Hay reuniones de las que se sale con más preguntas que respuestas. Eso fue, más o menos, lo que dejó el encuentro del pasado 31 de marzo con el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, en el foro organizado por el FAST. Sobre la mesa, lo de siempre: las infraestructuras del Sur de Tenerife.
El presidente hizo un repaso amplio, situando todo en un contexto complicado —movilidad, vivienda y sanidad—, pero al bajar al detalle quedó una sensación clara por proyectos que siguen en fase de trámite, plazos que no terminan de aparecer y una percepción bastante compartida de que, aunque se habla mucho, avanzar… se avanza poco. Así lo resume Javier Cabrera, presidente del Círculo de Empresarios del Sur de Tenerife (CEST), que lo dejó claro: “el Sur vive entre el escepticismo y la esperanza”.
Porque si uno repasa caso por caso, el patrón se repite. La ampliación del Hospital del Sur, anunciada desde hace décadas, vuelve a moverse solo sobre el papel, con la licitación del proyecto, sin obras a la vista. En carreteras, casi todo sigue igual: el tramo Oroteanda–Las Américas de la TF-1 sigue acumulando retrasos; San Isidro–Oroteanda ni siquiera tiene financiación asignada; y el soterramiento entre Las Américas y Fañabé continúa atascado en un litigio con la empresa adjudicataria, con orden de resolución contractual incluida.
Y luego está lo del puerto de Los Cristianos, que ya casi forma parte del paisaje de promesas pendientes. Una infraestructura clave para el equilibrio del Sur que, a día de hoy, sigue sin una solución clara. Ni siquiera los proyectos más avanzados se libran como el caso del enlace de Chafiras, que arrastra más de cuatro años de retraso y aún tiene flecos básicos por cerrar, como la iluminación o el acondicionamiento de zonas.
En el ambiente quedó una idea difícil de ignorar porque falta calendario, falta concreción y, sobre todo, falta certidumbre. De ahí que desde el ámbito empresarial se insista en que la colaboración público-privada puede ser parte de la solución, pero siempre que venga acompañada de una administración más ágil y alineada con la realidad del tejido productivo.
Al final, la sensación con la que muchos salimos fue que cada anuncio genera ilusión, pero cada retraso la enfría. El Sur sigue creciendo y mirando al futuro con una mezcla de necesidad urgente y confianza contenida.






