Una pequeña pero significativa manifestación pide en Los Cristianos libertad para Navalny

Tres ciudadanas rusas residentes en Tenerife protestaron ayer contra Putin; una de ellas asegura haber sido fuertemente amenazada por compatriotas suyos residentes en Tenerife.

Daniel Vargas Bozzetto.- Ayer a las 5 de la tarde tuvo lugar una pequeña pero valiente protesta ante la puerta del Consulado Honorario de la Federación Rusa, sito en El Camisón. Sosteniendo carteles con la foto de Alexei Navalny, tres residentes de origen ruso se unían desde el Sur de Tenerife a las manifestaciones que se desarrollaron en Rusia exigiendo la libertad del líder opositor, ya que se encuentra encarcelado en Rusia tras haber sobrevivido el año pasado a un envenenamiento perpetrado, supuestamente, por el Kremlin.

Ahora, tras haber iniciado una huelga de hambre el pasado 31 de marzo, la vida de Navalny corre peligro por segunda vez. A través de una nota de prensa, Amnistía Internacional denunciaba hace tres días que “las últimas declaraciones oficiales parecen indicar que las autoridades se proponen someterlo a alimentación forzosa para interrumpir su huelga de hambre e infligirle un castigo mayor”.  

Y es que pudiendo haberse quedado a salvo en Alemania, “Navalny decidió volver a Rusia para continuar su lucha y salvar al país de la oscuridad totalitarista del gobierno ruso, que es un mal como de cuento, un monstruo”, explica en perfecto castellano Vita, una psicoterapeuta con 11 años de residencia en Tenerife. “No solo estamos aquí por Navalny, sino por todos los presos políticos que están encarcelados hoy en Rusia; lo único que hace Putin es acabar con sus oponentes”, dice, y sus amigas asienten. Una de ellas, Mía, una fotógrafa que vive en la isla desde hace 10 años, recuerda que “una verdadera democracia implica alternancia en el poder”.

Durante las protestas del pasado 23 de enero, el gobierno ruso encarceló a alrededor de 3000 de las decenas de miles de manifestantes que, unidos a la causa de Navalny, exigieron libertad y verdadera democracia en Rusia. Sin embargo, Mía dice que sigue habiendo muchos rusos que tienen miedo de salir a expresar su opinión, “porque podrían ser despedidos de sus trabajos o incluso recluidos en prisión por un par de noches en condiciones en que sus derechos humanos podrían ser vulnerados”. A pesar de tener familiares en Rusia que padecen el miedo del que habla, esta rusa, quien asegura no temer a Putin, explica que se manifiesta en su contra por el bien de los suyos, “porque si no haces nada, no hay esperanza”.

Vita tampoco tiene miedo. El mismo 23 de enero organizó una concentración delante del consulado de El Camisón. Acudieron cerca de 50 compatriotas suyos, que acabaron siendo insultados por otros tantos, partidarios del presidente ruso. “Cuando publiqué la convocatoria en las redes sociales recibí unos 400 comentarios con insultos muy feos sobre mi personalidad e incluso me llegaron mensajes desde varios perfiles vacíos en los que se me amenazaba con que gente seria de Tenerife me iba a castigar. No sé ni quienes me amenazaron ni a quienes se referían”, explica con frialdad.

En este sentido, Olga, la tercera manifestante, una agente inmobiliaria que lleva 14 años viviendo en Canarias, considera que la mayoría de rusos que vienen a Europa es gente que ha hecho dinero gracias a la corrupción y que de alguna manera está protegida por Putin. “Aunque no todos son ladrones: hay gente digna, pero son muy pocos”, matiza.