El HUC recuerda que los pólenes más frecuentes en las Islas son la artemisia, parietaria y gramíneas

Los alérgicos al polen se enfrentan a una primavera leve en Canarias pero posiblemente más intensa que años anteriores por la mayor pluviosidad.

Las medidas restrictivas de la COVID-19 durante el inicio de la pandemia contribuyeron a mejorar la calidad del aire y la reducción de enfermedades respiratorias.

Los especialistas diferencian los síntomas que existen entre alergia, catarro e infección por coronavirus.

Según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) las enfermedades alérgicas por pólenes afectan en nuestro país a más de ocho millones de personas, siete de los cuales son alérgicos a gramíneas seguidos en orden decreciente por alergia al olivo, arizónica, plátano de sombra, salsola y parietaria. En Canarias, aunque la principal causa de alergia son los ácaros, se calcula que uno de cada cuartro pacientes con alergia respiratoria tienen hipersensibilidad frente a pólenes.

Con la llegada de la primavera, el servicio de Alergología del Complejo Hospitalario Universitario de Canarias (HUC), adscrito a la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, han querido sumarse al mensaje ofrecido por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología y ofrecer una serie de recomendaciones.

Se ha demostrado que existe una relación directa entre algunos factores climatológicos del otoño e invierno como es el caso de las lluvias, temperatura y humedad, y los recuentos de pólenes de gramíneas durante la primavera. Gracias a la recopilación de los datos de las 62 estaciones aerobiológicas del Comité de Aerobiología de la SEAIC, junto con los factores climatológicos proporcionados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y con la colaboración del Área de Estadística e Investigación Operativa de la Universidad de Castilla La Mancha, se establece el nivel de intensidad de esta primavera para los pacientes alérgicos en las diferentes zonas geográficas. Esta información está disponible en la página web de SEAIC para su consulta de forma gratuita.

Según la Dra. Paloma Poza, médico alergólogo del HUC, se ha estimado que este año la primavera en Canarias cursará con niveles de polen de carácter leve (inferiores a 300 granos/m³ en Tenerife y Las Palmas) si se comparan con los del resto de la Península, “si bien es verdad que las lluvias han sido mayores y es esperable que estos niveles sean superiores a los alcanzados en años anteriores.” Hay que recordar que los pólenes más frecuentes en Canarias son la Artemisia, Parietaria y Gramíneas.

La contaminación ambiental y el cambio climático: promotores de la alergia al polen

La emisión de partículas contaminantes procedentes de las calefacciones y de los motores diésel se ha demostrado que altera la estructura del polen haciendo que este genere proteínas de estrés como mecanismo de defensa y aumentando su capacidad de inducir una respuesta alérgica en personas susceptibles, por lo que en zonas urbanas el polen tiene un efecto más lesivo en las vías respiratorias.

El cambio climático está alterando los ciclos de polinización de las plantas. Se ha podido ver que a veces adelantan el inicio y retrasan el final de su período de floración como consecuencia del aumento global de temperaturas, con lo que se modifica la duración del período de polinización, y, por lo tanto, hay una mayor exposición de la población a los pólenes. Pr este motivo se hace necesario medir estos niveles de polen de forma regular y monitorizarlos en el ambiente semanalmente para conocer su estado, porque puede variar de un año a otro y variar de una región a otra.

Al inicio de la pandemia, con motivo de las medidas de restricción de movilidad de vehículos y la disminución de la actividad industrial, se observó una reducción en la presencia de los contaminantes en el ambiente, lo que contribuyó a mejorar la calidad del aire y con ello la reducción de exacerbaciones en enfermedades respiratorias.

La Dra. Poza señala “que el uso generalizado de la mascarilla facial, obligatorio por el estado de pandemia, ayudará a disminuir la exposición respiratoria a pólenes y por tanto los síntomas de rinitis y asma, y como consecuencia se reducirá el consumo de medicación para la alergia, además de experimentar un descenso en la asistencia a servicios de urgencias.” Este aspecto ya era conocido y se recomendaba previamente a la pandemia su uso para evitar la exposición a polen, contaminación o calima en pacientes asmáticos.

Diferencias entre alergia, catarro e infección por coronavirus

Según el informe de SEAIC la diferencia principal está en el tipo de síntomas y su curso. Los síntomas de la rinitis alérgica son fundamentalmente de picor nasal, muchas veces asociado a picor de ojos, estornudos repetidos, destilación nasal acuosa y congestión nasal de instrucción más o menos brusca. Lo que nos debe hacer sospechar que es alergia, sobre todo si es debida a pólenes, es que los síntomas se recrudecerán cuando el paciente esté al aire libre y, mejorarán notablemente, cuando permanezca en sitios cerrados. Además, los síntomas de la rinitis alérgica suelen remitir con cierta rapidez tras la toma de antihistamínicos tópicos u orales. La presencia de fiebre es nula, salvo que se complique con sinusitis aguda.

En el asma, algunos síntomas aislados pueden ser la tos seca y la dificultad para respirar, algo que podría confundirse con los síntomas iniciales de la infección por coronavirus o de otras infecciones respiratorias, si bien en el asma no se acompaña de fiebre. En esta misma línea, los síntomas del asma suelen revertir fácilmente con el uso del broncodilatador de rescate (salbutamol o terbutalina).

Los síntomas catarrales pueden iniciarse como los de una rinitis: con congestión nasal, agüilla nasal y, a veces, estornudos. En general, van aumentando en intensidad en el espacio de 1 a 3 días y el moco evoluciona a espeso, verdoso-amarillento. Se va resolviendo progresivamente en el espacio de 3-4 días más, por lo cual, en más o menos 6-7 días estaría resuelto si no se complicase con sinusitis. Si no es un catarro más intenso no suele haber fiebre alta. Puede aparecer febrícula y acompañarse de algo de malestar general.

En relación a la infección por coronavirus, los datos han demostrado que la sintomatología en las etapas iniciales puede ser leve (similar al de un catarro leve) y más habitualmente con síntomas similares a los de una gripe: fiebre de moderada a intensa, malestar general y abatimiento, dolores musculares, tos habitualmente seca, y puede asociar flemas y dificultad para respirar. Los síntomas son progresivos, y desde el inicio de su presentación ya suele asociar la sensación de malestar general, como cuando empieza una gripe.

La Dra Paloma Poza recuerda que “el presentar alergias respiratorias (rinitis y/o asma) o alimentarias no entraña un riesgo aumentado de reacciones adversas frente a las vacunas actualmente disponibles para combatir la infección por coronavirus” animando a la población a vacunarse frente a COVID-19 y contribuir al adecuado desarrollo de la campaña vacunal.