Montaña de Gáldar, epicentro cósmico del norte de Gran Canaria

Por Miguel A. Martín González (Historiador y Profesor)

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La montaña de Gáldar es un edificio de piroclastos singular, de 423 m de altitud, situado en el límite municipal que separa Gáldar de Santa María de Guía. Es el elemento más llamativo y atractivo del paisaje, siendo en el siglo XVI una atalaya que sirvió como lugar de vigilancia o centinela para observar los barcos extranjeros o cualquier novedad peligrosa para la población.

El amplio valle de Gáldar destacaba antaño por la abundancia de recursos naturales (agua, pastos). Los primeros canarios construyeron numerosas casas y cuevas para desarrollar una amplia actividad agropecuaria. El cultivo de cereales, la pesca litoral, el marisqueo y los pastizales permitieron el asiento de la villa de Gáldar «en donde avía mexores edificios por ser la cabeça entonces del partido de la isla y corte del rei guanarteme» (Fray José de Sosa, 1678).

La parte media y superior de la montaña apenas contiene vestigios arqueológicos. Tan solo los restos de un almogarén, con unas pocas cazoletas de carácter simbólico que sirvieron para sacralizar su elevación y que se salvaron de las alteraciones históricas por la construcción de una pista de tierra, antenas, torretas, bloques de hormigón, vallas, cruces de madera… y otros restos que han modificado el suelo original.

La montaña, como territorio construido, adquiere un profundo sentido religioso, atracción y devoción. Forma parte de una geografía simbólica que alberga importantes mitos asociados a la altura y lo sobrenatural (garante del orden cósmico), así como la excelencia de ser el eje de diversas hierofanías.

La montaña fue, para los antiguos canarios, un centro del mundo, siendo imprescindible en la organización espacial cosmológica; como centro de todo y comunicador entre los planos, utiliza las coordenadas de su mundo que se despliegan a partir de la cima de la montaña como principio y final. A través de ella se establece una ardua comunicación entre los diferentes espacios que rodean la montaña y entre la tierra y el cielo; un diálogo con lo más sagrado.

A pesar de la gran antropización (la roturación de terrenos, construcciones y demás actuaciones sobre el espacio), en su entorno se conservan importantes yacimientos arqueológicos. Nos centraremos en aquellos que despliegan la idea y la expresión de lo sagrado, definiendo sus ubicaciones orientándose directamente con la Montaña de Gáldar; son los casos de la propia proto-ciudad de Agáldar, La Montañeta de Moya, costa de Bañaderos, El Agujero, Montaña Pelada, Casa del Alcalde en Amagro, la necrópolis tumular de la Isleta y el Verdugado. Incluso podríamos incluir aquí Achbinico (Candelaria, Tenerife).

Desde muy pronto, el ser humano toma conciencia de la necesidad de comprender su conexión con lo que le rodea. Nadie podría creer que los indígenas vivieron en un mundo azaroso, caótico, sin normas o ley alguna. Debía existir algún tipo de ordenamiento subyacente. Indudablemente, los acontecimientos naturales seguirían determinadas normas o principios ineludibles.

La montaña de Gáldar se convierte, a su vez, en un cosmos; adquiere un principio ordenador de todo lo que existe, estableciendo una armonía que parece oculta, pero está en la naturaleza y es accesible a quien lo comprende. Reúne lo temporal con lo intemporal, lo sagrado con lo profano; esto es, todo lo existente en la realidad y en el imaginario. Significa que el mundo es un cosmos ordenado.

Se divide en tres capas: tierra, cielo e inframundo, así como las distintas estructuras que se instalan entre los estratos o dentro de ellos, siendo el axis mundi el punto organizador coherente y unificador entre las partes.

En la parte superior de la Montañeta de Moya se localizan varias cazoletas y grabados rupestres esquemáticos de carácter antropomorfo, suficientes para revelar la sacralidad del lugar. Desde este otero natural se puede verificar cómo el sol, en su ocaso, durante el solsticio de verano, se oculta por la Montaña de Gáldar.

Cazoletas de mar en el Puertillo de Bañaderos / Cedida

A continuación, nos desplazamos a la costa de Bañaderos (Arucas). La enfática visión de la Montaña de Gáldar facultó la construcción de varios conjuntos de cazoletas de mar, independientes pero unidas en una misma ideología o cosmovisión, en el mismo rompiente del mar.

Bajo el paseo marítimo, en un saliente de basalto se localizan unas 20 cazoletas, se van sucediendo otras sueltas o agrupadas por pares y tríos. El mayor conjunto (más de 150 cazoletas) se sitúa en el margen izquierdo de la playa. En el centro de la misma playa existe otro grupo de unas 20 cazoletas, muchas de gran tamaño. Unos metros más alejados en dirección norte aparecen cazoletas aisladas, como si nos estuvieran recordando dónde estamos. Más adelante llegamos a una estación rupestre con unas 40 cazoletas, al lado de un charcón natural. En el siguiente brazo de lava aparecen más cazoletas hasta llegar a La Punta del Camello, que nos va mostrando algunas cazoletas sueltas y una concentración de 12 cazoletas, en el lado izquierdo, el que mira hacia Gáldar.

Toda esta trama de conjunto de cazoletas encierra una misma doctrina, una misma orientación astronómica directamente relacionada con la Montaña de Gáldar. En cada equinoccio (primavera y otoño), el sol se oculta con suma precisión por dicha montaña. Esto explica la ejecución de las cazoletas en esos lugares y no en otros adyacentes que no cumplían la premisa de la orientatio.

En el Agujero de Gáldar se descubren un conjunto de túmulos funerarios y diferentes estructuras de casas de piedra seca que se dispersan sobre la plataforma costera. Aquí se muestra la arquitectura funeraria más sobresaliente de todo el Archipiélago Canario: tumbas circulares compartimentadas interiormente en fosas individuales dispuestas, de forma radial, en dos y tres pisos provistos de un acceso de entrada con gradas que permite transitar por el interior de las sepulturas y alcanzar la torre central.

Es primordial enfatizar que los monumentos funerarios del Agujero se encuentran separados o divididos por una barranquera natural: el colosal panteón real y dos más individuales por el este y cuatro túmulos, a más de 120 m de distancia, por el oeste.

Solo el túmulo de La Guancha agrupaba, dentro de un gran círculo, los restos humanos de 43 individuos y unas fechas obtenidas por carbono 14 del año 1000. El resto de los mausoleos sigue la misma tipología constructiva de tres gradas concéntricas y pequeños muretes y torrecilla central, aunque de menores dimensiones.

Ahora nos preguntamos: ¿qué es lo que determinó su construcción precisamente ahí y no en otro lugar?, y ¿por qué se encuentran repartidos en dos terrazas bien diferenciadas? La localización en el paisaje es fundamental a la hora de abordar los numerosos enigmas a los que nos enfrentamos; se construye y percibe culturalmente, adquiriendo diversos significados a distintos niveles. Por ello, la topografía y los astros nos obligan a levantar la mirada y acercarnos al simbolismo de los ritos y las costumbres funerarias para poder comprender mejor algunos de sus secretos.

Los túmulos del Agujero de Gáldar siguen una lógica (ideología) diferente a la nuestra; no están ubicados de una manera caótica ni improvisada. Fueron colocados intencionadamente para hacer coincidir varios acontecimientos astronómicos fundamentales en su cosmovisión en consonancia con dos montañas muy destacadas en el paisaje.

Los túmulos fueron erigidos de modo que señalasen exactamente el lugar enfático por donde salían el sol y la luna en momentos específicos del año. En el solsticio de invierno, desde el gran túmulo real, el sol despuntaba por la cima de la Montaña de Gáldar.

Por otro lado, desde el otro conjunto de túmulos también se puede admirar otra manifestación de lo sagrado por la misma cima de la montaña, la salida de la luna llena del verano en su parada extrema menor sur.

En la misma cima y laderas de Montaña Pelada se encuentra un conjunto arqueológico conformado por nueve unidades entre estructuras de piedra de tipología variada y cuevas excavadas en la toba. En la explanada de la cima hay dos grupos bien diferenciados, uno conformado por círculos de piedras concéntricos (posible túmulo) y el otro integrado por seis recintos de piedra, uno de ellos de grandes dimensiones. Nuevamente, se nos muestra una tempusfanía cuando llegan los equinoccios indígenas, en el instante preciso del orto solar por detrás de la Montaña de Gáldar.

Subiendo las lomadas que nos conducen a Amagro, nos detenemos en la zona conocida como la Casa del Alcalde. Volvemos a encontrar restos de muro y estructuras diversas semienterradas y una cueva artificial. Otra vez, coincidiendo con restos indígenas canarios, la orientación astronómica nos vuelve a sorprender con el majestuoso orto solar, en el solsticio de verano, por la Montaña de Gáldar.

Desde la desaparecida necrópolis de La Isleta se puede apreciar, a lo lejos, en los días del equinoccio, cómo el sol se oculta por la Montaña de Gáldar, para rememorar el culto a los ancestros. De este modo, el cementerio o casa de los muertos ancestrales es también una estructura cosmológica, un lugar santo que se vivifica eternamente con cada equinoccio (renovación del mundo).

Ahora nos acercamos al Morro del Verdugado; un interesante conjunto de dos estructuras circulares de piedras, muros de piedras y cuevas sepulcrales, actualmente en estudio. Desde las estructuras podemos admirar cómo durante el Beñesmer, el sol se oculta por la montaña de Gáldar.

Incluso, desde la cueva de Achbinico (Candelaria, Tenerife), lugar sagrado guanche donde se guareció y veneró la Virgen de Candelaria, en los días claros, se puede observar perfectamente, en el horizonte, la montaña de Gáldar, el lugar exacto por donde surge el sol cada 2 de febrero (día de la Candelaria). No es casualidad; es causalidad.

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