Juan Santana | La Aldea San Nicolás de Tolentino

Juan Santana | La Aldea San Nicolás de Tolentino

La Aldea San Nicolás de Tolentino es un pueblo de Gran Canaria y la mitad de mi cuerpo por parte materna pertenece a éste lugar tan emblemático. Todos los veranos desde la niñez hasta que cumplí los diecisiete años pasaba los dos meses con mi abuela, con los primos y muchos más amigos. La Fiesta del Charco, con la Bajada de la rama, las noches de verbenas y cogíamos cochinilla por aquellos años que pagaban a cuatrocientas pesetas el kilo, dos euros y medio. Un kilo de cochinilla era la mitad de una lata de las famosas de aceite de Oliva y eran tiempos sanos, porque no hacíamos trampa añadiéndole sal gruesa. Aprovecho para pedir perdón a todos mis familiares por no visitarlos aunque sea unos minutos cuando voy solamente por unas horas, pero cuando vas con prisa y con amigos jugamos de aquella manera bien o mal según se mire. Sin embargo confieso que estamos convirtiéndonos un poco en animales salvajes irracionales por culpa de lo que sea para no entrar en detalles y no queda otra que seguir caminando hacia delante. Los aldeanos de la época mía conocieron al guripa, a Pepechu el cura, a mi primo el pingui, a las hermanas Mercedes, Maribel y Idalia, a Torres el boxeador, a Noe del Chozo en la playa y a tantos más que como muchos fuimos bailando la rama, desde la Almacén de Los Picos hasta el Barranquillo Hondo. El famoso refresco Agua de Moya fresquito a diez pesetas, la Banda de Agaete, las abuelas tostando el millo, las sobras de las comidas para los perros cazadores, pero las cosas han cambiado y ahora estamos entremezclados e invadidos sin entrar en detalles, porque desgraciadamente hemos perdido el alma de la niñez y ahora les toca vivir los nuevos acontecimientos a las nuevas generaciones y ojalá sean la mitad de felices que fuimos nosotros y estoy refiriéndome a los que tuvimos la gran suerte de cantar, bailar, sudar en los barrancos y caminar con más seguridad. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Juan Santana

 

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