Juan Santana | Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino…

Una piedra en el camino

Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino…

Los medios de comunicación están gritando a los cuatro vientos el mensaje del rey español Felipe con su inventario económico, además de sus materiales artísticos por ejemplo y éste medio de comunicación no puede quedarse atrás. Que conste que admiraba al Rey emérito Juan Carlos porque transmitía buen rollo sin entrar en detalles de su vida personal ni en sus negocios y actualmente admiro mucho al rey Felipe.

Este mensaje es especialmente para los tóxicos frustrados amargados que descargan sus comentarios en las redes sociales o en cualquier terraza, porque no son conscientes de que son ellos los que están mal y no los demás. Esos amargados egocéntricos prepotentes egoístas que van de saber todo cómo algunos políticos que están convencidos de arreglar el mundo, especialmente el de ellos mismos y se creen con el poder de la verdad, porque su ignorancia no llega más allá de dos o tres metros.

No entienden que cada persona tiene su destino, según cuando, como y dónde nació con su cultura, jugando con el factor suerte obviamente, de tener una buena familia, educación, buenas relaciones y además sin estar convencidos de que aquí estamos de paso y la familia y los amigos son la mayor riqueza.

El rey Felipe tiene su destino y mantiene el tipo, sabe estar, dice lo justo, está casado con una mujer del pueblo y estoy convencido que soñara de vez en cuando con una vida fuera de la realeza, con amigos con unas chuletas y pasando de los millones de expertos enterados que saben cómo se arregla el mundo desde un teclado, pero si les invitas a salir a la calle o hablar cara a cara con un alcalde para pedirle más limpieza, seguridad o cualquier problema social, te mandan a freír espárragos, porque son eso mismo, unos egocéntricos.

Como dice la canción que más me gusta, «Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar, después me dijo un arriero, que no hay que llegar primero, lo que hay que saber es llegar. Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. No tengo trono ni reino, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey».

El mundo está revuelto y no es del Sol. Aquí lo dejo, para seguir reflexionando. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Juan Santana.

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