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Nicolás: “Cada persona tiene su destino”

Lo más fuerte y lo más duro que he vivido en mi vida, fue aquel día que llamó mi hija cuando estaba en Italia para decirme que habían matado a mi hijo a balazos y confieso mi rabia entremezclada con tristeza y sed de venganza.

En ésta vida no es nada fácil ser buena persona, pero cuando por tu destino conoces y sientes bien la diferencia entre el bien y el mal, serás más feliz siendo buena persona a pesar de los pesares.

Cada persona tiene su destino y confesar gran parte de mi historia en el libro, es poder caminar con la cabeza alta y no tener que huir ni esconderme de nadie. Por supuesto que no me siento orgulloso de haber vivido mis experiencias y desde los ocho años comencé a ser adulto, yendo cada mañana a un Comedor Social para buscar la comida de toda mi familia y que conste que soy hijo de un Policía en Uruguay que además tuvo quince hijos más con mujeres diferentes.

Mi padre me dio más hostias que las que reparte un cura en la misa del domingo. Nací en Montevideo, en el Hospital Pereira Rossell y viví en el pueblo llamado Marconi. Mi apodo era Alias el Pupo. Estudié en la escuela Pozolo hasta los ocho años y caminaba todos los días tres cuadras (tres kilómetros) para buscar comida y poder comer. La comida típica era polenta, guiso, puchero y potaje o huevos fritos.

Estuve desde los ocho años hasta los doce en la escuela y después dos años en el instituto. A los catorce años comencé a conocer la noche y siempre estuve con gente mucho mayor que yo, con las cuales aprendí a vivir la mala vida.

Robaba coches, en casas, supermercados, tiendas de ropa rompiendo los cristales de los escaparates o calzados, pero jamás hice daños personales a nadie. Éramos una pandilla o un grupo de ocho amigos que nos reunimos cada día en lugares organizados para compartir los botines.

A los diecisiete años me casé y tuve tres hijos y lógicamente tenía que robar mucho para poder tener una vida digna. Estaba involucrado en mundos más peligrosos y andaba con pistola, porque en dónde vivía ganaba el más malo y no era una película, era basado en hechos reales.

Cuando comenzó la verdadera guerra fue aquel día que casi mato a un primo mío, pero todos los detalles están relatados en el libro. Tuve un accidente a los dieciocho años cuando fueron a buscarme al baile y cuando íbamos en el coche, una guagua no paró en un cruce y nos golpeó de tal forma, que me rompió la boca, el tórax y la pelvis.

Estuve siete meses para recuperarme, pero gracias a Dios sigo vivo para contarlo y con diecisiete años cuando me fui de la casa, mi padre me dijo que no podía entrar más. Estuve un tiempo de traficante y por motivos que ya leerán tuve que salir para Uruguay con veinte años y en estos tiempos tenía una pistola, porque cada día era un año nuevo, sin entrar en detalles.

En el libro podrán saber cómo llegué a Italia, como me hice un profesional del pladur y la mitad del Hospital de Vallecas en Madrid la construí yo cuando tenía aproximadamente cien empleados, he montado talleres de mecánica de coches en Tenerife sin saber absolutamente nada de mecánica y tuve hasta quince coches de mi propiedad, estuve nueve meses en la cárcel Tenerife II por culpa de perder el control de mi vida, porque lo peor que puede pasarle a una persona, es perder el control del poder.

Casi toda mi vida estuve huyendo, pero ahora estoy descansando y con el libro, deseo que especialmente mis nietos sepan quién fue su abuelo y la dura vida que tuvo, por un destino que no elegimos.

Pero repito, lo más duro de mi vida, fue la llamada a Italia, para decirme que habían matado a mi hijo y me calma el dolor, el hecho de haberle suplicado que se fuera conmigo del país para ser buena persona o mejor persona y recuerdo que mi hijo respondió, que él no era un cobarde y éstas palabras de mi hijo son las que me calma el dolor………

Juan Santana: Aquí lo dejamos Nicolás y palabra de honor, que me emociona escucharte y deseando estamos leer el libro. Gracias de corazón por compartir un resumen de tu vida para que muchos lectores comprendan, que cada uno tiene su destino. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

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