Juan Santana | El hombre que enamora, está en Agaete

Agaete pepe del rosario

El hombre que enamora, está en Agaete

Más de cuarenta años, un año si y el otro también hacía siempre la misma pregunta a todos los nacidos o viven en Agaete en Gran Canaria, «¿Conoces a Pepe del Rosario?» y la mayoría respondían que si lo conocían.

Obviamente podía haber preguntado personalmente en Agaete donde vive Pepe del Rosario para visitarlo, pero así han pasado cuarenta años recordando su dulce voz inconfundible, con una educación fuera de lo normal y el sábado día cuatro de junio del dos mil veintidós será declarado festivo, porque cuando llegué a casa en Tenerife a las cinco de la tarde aproximadamente después de estar colaborando en una recaudación para Aldeas Infantiles, tenía dos llamadas perdidas y por fin pudimos hablar por Skype mirándonos a los ojos, pero «confieso que yo, disimulaba mi tristeza porque él no recuerda quién soy».

Hablamos de algunas cositas personales y para mí su rostro tiene una mezcla de Jesucristo y el Che Guevara.

Pepe del Rosario me cuenta que un día un antiguo alumno de Sardina del Sur organizó reunir a casi toda una clase y traerlo a él por sorpresa y obviamente fue muy emotivo cuando apareció por la puerta y que pena que no estuve ese gran día.

Seguía intentando y disimulando mi tristeza, que recordara quien era o quién soy yo, pero no había manera y mientras hablábamos seguían llamándome por teléfono, pero deseo escuchar aunque sea una frase de Pepe del Rosario, donde me demuestre aunque sea un poquito que sabe quién soy.

Le dije que recordaba perfectamente cuando íbamos en su Volkswagen escarabajo a Pozo Izquierdo y Arinaga a pasear con charlas interesantes y el coche de color azul claro lo había ganado su padre con un número que le costó cien pesetas.

Después le envié una foto de mi madre conmigo en blanco y negro y el incluso almorzó algunas veces en casa de mi madre en Sardina del Sur, hasta que por fin dijo la famosa frase, «Recuerdo que tenías el pelo lacio y rubio».

Uf!! Por fin podía cortar la llamada más o menos tranquilo, porque no paraban de llamarme y si no hubiera sido por la última frase del pelo lacio y rubio, hubiera estado muy triste.

Resulta que me conocen millones de personas y justamente la persona que he querido durante cuarenta años casi ni me recuerda. Le pregunté si tenía hijos y respondió que sigue soltero, pero por ser como es, tendrá miles de hijos, miles de personas que habrán crecido con un poquito de su actitud y bondad, porque incluso le pregunté,

¿Tu siempre has sido así con ese tono de voz y esa actitud tan bondadosa?. Respondió que sí y tengo que felicitarlo.

Nos hicimos algunas promesas que las tomamos por la palabra, pero espero y deseo que será para el segundo capítulo con el título, «El encuentro».

Aquí lo dejo para seguir reflexionando sobre las cosas que nos pasan y que son maravillosas cuando es verdad. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Juan Santana.

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