Juan Santana | Víctor Martell, de guerrero a panadero

Roald Dahl, fue un piloto de aviones de guerra en la Segunda Guerra Mundial y una vez termina la guerra, escribió libros famosos como Matilda, Salie y la fábrica de chocolate y además hizo algunas películas, especialmente para niños. Una famosa película fue, «Jane y el melocotón gigante», pero deseo hablar un poquito de Víctor Martell terminado en dos L, porque es un hombre interesante.

Nada ni nadie es perfecto, pero las personas qué han vivido y sufrido experiencias, terminan queriendo o sin querer, convirtiéndose en sabios. Víctor Martell tendrá aproximadamente cincuenta años, pero a las personas como el, tenemos qué multiplicar su edad por cien años más, porque han requetevivido. En 1.991 era soldado de Infantería y en 1.993 entra en la Marina, destinado en Operaciones Especiales cómo Cabo I y las personas qué están en esos mundos del diablo, no suelen compartir las vivencias desagradables, porque además el gran deseo es poder olvidarlas.

Resulta qué en estos tiempos está feliz y enamorado de una mujer revolucionaria, pero ahora comparten Paz y Amor, el pasado chungo quedó atrás. Actualmente viven en paz en una playa del sur de Gran Canaria y cuando estábamos nadando juntos Víctor comentaba, «Jamás imagine una jubilación con tanta paz». La sorpresa es qué ahora, entre muchas de sus actividades, también es un panadero profesional de Alto Standing para consumo propio y sus panes son manufacturados con la medida exacta de los productos que conlleva. Un pan de un kilo, puede durar hasta cuatro días y ojalá decida vender aunque sean cien panes especiales al mes, pero únicamente para las personas qué sabemos comer. Los panes son maravillosos, fantásticos, únicos, especiales y su sabor es ancestral, sin trampa ni cartón. Un pan de un kilo podría venderse a doce euros tranquilamente, porque tendríamos pan de lujo durante cuatro días, aunque es verdad qué algunos animales cómo yo por ejemplo, podría acabar en dos días. Una frase famosa casi olvidada, «Trabajar para ganarse el pan», pero la palabra Trabajo, también está perdiéndose. Digo esto, porque hoy los panes son en cámara rápida y son muy pocos los que mantienen el verdadero sabor, cómo el pan de mata la uva.

Felicidades Víctor Martell por tu sabiduría en muchos sentidos y espero qué decidas hacer felices a muchas personas haciendo tus panes especiales junto a tu jefa.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.