Juan Santana | Una vez al año al Rastro y limpieza

¿Has pensado alguna vez en vender todo lo que no utilizas y ver más limpia tu casa?. Una vez al año desde que estaba el Rastro en Guaza en el sur de Tenerife, montamos una mesa con unas burras y sacamos algunos euros, pero le aseguro que podrá sorprenderse, porque desde la madrugada están los compradores con sus linternas buscando lo más fresquito. Pipi, el responsable de los puestos con su simpatía atiende a todos los que vamos llegando desde las cinco de la mañana del domingo, pero algunas personas están desde el sábado por la tarde esperando para montar el kiosco. La crisis arrastra a muchas personas, a tener que vender mercancías sobrantes, para seguir viviendo o sobreviviendo y en el Rastro conocerás a jóvenes con carreras de abogacía o profesionales de la educación que están buscando el pan mientras esperan un trabajo estable.

Obviamente conocerás a personas muy felices porque es su modo de vida y venden todo lo inimaginable. Encontrarás algún libro del año 1.926 a dos euros, porque quién vende no tiene claro que era un tesoro y luego por internet el comprador lo vende por tres mil euros. Verás el artista que compra un grifo podrido inservible por dos euros, pero luego hizo una obra artística que vendió por dos mil euros. Está el puesto de absolutamente todo tipo de productos a un euro y observas como algunos senegaleses los compran casi todo para revenderlos en sus países. La diferencia entre Rastro y Mercadillo, está en que para vender en el rastro no es obligatorio ser autónomo, porque la mayoría de las personas que acuden están pasando malas rachas y el alquiler del espacio cuesta quince euros. Encontrarás aparatos de radio antiguos, bicicletas del año catapum, instrumentos musicales, herramientas de todo tipo, de todo hasta el infinito y más. Televisores nuevos con papeles y toda clase de aparatos eléctricos, que además puedes comprobar su valía en los enchufes que están en la misma entrada del rastro.

Estamos en momentos de crisis y podemos notarlo en la cantidad de vendedores. Una vez decidimos marcharnos a casa, buscamos al primer vendedor que nos causa buen rollo y les regalamos los productos que no hemos vendido, esperando que tengan suerte y ganen su pan. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Juan Santana.