Juan Santana | No hay que fiarse de las apariencias

Cuando vemos a cualquier persona podemos imaginar o jugar a adivinar cómo puede ser dicha persona, a que puede dedicarse, si es simpática, si tiene experiencia, si tiene clase, educación o vaya usted a saber, pero seguramente no aceptaremos en nada o casi nada. Una imagen cómo en la foto adjunta a esta carta por ejemplo engaña a la visión óptica, porque al cien por cien de las personas que les he preguntado, «¿Qué ves en ésta imagen?», todos responden igual, diciendo que es una ciudad con sus edificios y bla bla bla, sin embargo, es una foto nocturna, realizada a los barcos petrolíferos, cuando voy en el coche por la playa de las Alcaravaneras en Las Palmas de Gran Canaria.

Lo mismo nos pasa con las personas y tenemos infinitos ejemplos. Estaba tomando un café con dos personas conocidas considerados amigos y pensaba que el chico era modelo o un empresario de tiendas de ropa y sin embargo cuando confesó que es Guardia Civil de los Cuerpos Especiales, quedé flipando. O cuando aquel joven de treinta y tantos iba caminando en cholas por el paseo de Las Galletas en Tenerife, hacia la playa de los Enojados, con sombrero de esos que usaban para coger tomates y además sin camiseta y pregunté a mi amiga, «¿Qué ves en ese joven?. ¿A que crees que se dedique?». Respondió, «Es un matado descamisado arrastrando los pies y parece que no sabe ni caminar».

Pues resulta que es un joven francés conocido mío y está un mes entre Tenerife y la Gomera, viviendo la vida por el día, playa y cervezas, bueno comidas y por las noches duerme en los hoteles que contrata y es un empresario francés de ropa de lujo. Un mes vacilando por donde sea vestido de informal y otro mes controlando sus tiendas. Siempre se ha dicho «No hay que fiarse de las apariencias».

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.