Juan Santana | Las pajillas en el séptimo piso

No hace falta decir que esta historia está basada en hechos reales. Sentado en la mesa de una terraza, con cuatro amigos compartimos tertulias interesantes, especialmente las anécdotas de la amiga que fue prostituta durante muchos años. Pero comienzo por la historia de un amigo cuando tenía que ir al Hospital de la Candelaria, para masturbarse en la planta séptima para ver si el semen era de calidad y confieso que nos reíamos mucho por la forma de contarlo.

Te diré que también tuve que hacerme una Manuela hace veintidós años por lo mismo, pero tuve la suerte de poder llevar el semen a El Mojón, en el Sur de Tenerife antes de la media hora y además marcabas en un papel oficial con una X, las veces que hacías el amor semanalmente, aunque confieso marcar siempre un par de veces más, porque odiaba que el médico supiera cuántas veces follaba en siete días. Pero mi amigo era más gracioso, porque decía que cuando entraba en el baño público de la séptima planta y se metía en uno de los baños, estuvo más de hora y media para eyacular. El motivo era que entraban personas a los baños de los lados y a veces escuchaba las explosiones cuando iban a defecar o los sonidos de los pedos, sin olvidar los tufos malolientes. Los sudores eran mortales y para colmo no funcionaba bien el WiFi y las películas porno terminaban atascadas.

En fin, que son cosas de tiempos vanguardistas y los más antiguos sufrimos mucho teniendo que pasar por estas obligaciones. La historia de mi amigo, fue unos meses antes del famoso confinamiento y no sé si ahora estarán haciendo esto, porque hacerse las manuelas con mascarillas, tiene que ser horrible. Con todos los virus volando por el baño, no sé… Algunas anécdotas de la ex prostituta se las cuento otro día y perdone si esta carta le causa mal rollo.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.