Juan Santana | La Funeraria y los operarios cantando

Aquella tarde salgo en bicicleta hacia Las Galletas en el sur de Tenerife (Islas Canarias) y cerca dónde está la Cruz Roja, observo un furgón negro de una empresa funeraria con dos operarios fuera del coche y un difunto en el suelo envuelto con ese material color plateado. A dos o tres metros aproximadamente, una pareja de Guardia Civiles, esperando al Juez de Paz, para el levantamiento del difunto y lógicamente la curiosidad mata a el gato.

Deseo saber quién será el difunto y sorpresivamente los operarios de la funeraria comenzaron a cantar la canción «Higo Pico Flower» y saludando. Entonces fue más fácil acercarme para preguntar quién era el difunto y los operarios me dicen, «Creo que es un rumano que murió por una sobredosis en la playa de Los Enojados». No somos nadie y demostró ser uno más entre siete mil millones de personas aproximadamente que habitamos en el planeta.

No tengo más información del difunto, pero recuerdo compartir un poco de mis dos años currando en una funeraria, «Funeraria el Ocaso» (1.982), en Sardina del Sur, (Gran Canaria). En cartas anteriores confesé que fue donde más aprendí, porque muchos vivos estaban más preocupados por la herencia del difunto que por su despedida y que la vida es un paseo hasta la otra vida.

Hace un par de días, en Los Cristianos (Tenerife), veo a una persona durmiendo en el suelo cuando eran las nueve y pico de la mañana y tomé la foto. ¿Quién podría ser la pobre persona?. No somos nadie, somos animales que nacemos, crecemos, vivimos bien o mal según el destino y morimos, no hay más. Cada uno tiene su historia, su libro si escribe y colorín colorado, ésta carta se acabado. ¿Has escrito un resumen de tu vida para que tus futuros familiares sepan algo de ti? ¿No? ¿A qué estás esperando? Recuerda que no eres nadie y menos aún sino dejas escrita un poco de tu paseo por el planeta.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.