Juan Santana | La envidia sana a mi hermana Sheila

Cuando llegas a la Puerto de Los Cristianos en Tenerife, desde La Palma, un día 23 de Agosto, para poder salir hasta el centro, estamos hablando de casi cuarenta minutos para llegar, porque el atascamiento de coches es brutal. Sí por desgracia ocurriera un accidente, nos comemos la del pulpo y algo más.

Pero hoy es un día maravilloso, porque el fuego de Garafía está controlado, «por ahora». Envidio a mi hermana Sheila y a todos los palmeros, especialmente a los tijaraferos. En Tijarafe respiras Aires de paz y libertad, todos los vecinos nos saludamos y las buenas vibraciones brillan por su presencia.

Cuando tienes que salir de Tijarafe, entra una tristeza en el alma, porque eres consciente de volver a la realidad y obviamente estamos hablando de la realidad de todos los que convivimos en una parte del planeta que está muy seca, dónde las prisas están al orden del día, aunque muchas veces no tenemos obligación de llegar a ningún lugar en concreto.

Felicidades a los habitantes de La Palma, por sentir la naturaleza que penetra en los poros de la piel y madrugo para gozar de los árboles, los pájaros que vuelan buscando la comida, el mirlo que saluda con su canto a menos de cinco metros cómo si tuviera un alma humana en su interior, porque según algunas de las creencias indias, cuando una persona fallece, su alma entra en el animal más cercano. Felicidades y gracias a todo el equipo humano, que estuvieron cerca del infierno de Garafía, dónde las mangueras reventaban cuando el viento cambiaba el sentido del fuego.

Sheila y sus compañeros llegaban por la tarde a última hora, con las caras cansadas, sus trajes negros del carbón y compartían un resumen de sus aventuras, cómo cuándo tenían qué correr como ciervos en los momentos que el viento vira el fuego hacia ellos. Ojalá cojan al pirómano si en verdad fuera o fuese un pirómano, que según algunos vecinos es el mismo del año pasado, pero la verdad hasta el momento nadie la sabe. Ahora toca esperar unos días para que no vuelva a nacer el fuego y hace falta más vigilancia, porque justamente estos días pasados hemos estado de senderismo por la zona quemada y no veíamos a nadie.

En la costa, sí suele haber más vigilancia por parte de SEPRONA, para agarrar a cazadores furtivos de pulpos y más frutos del mar, pero resulta qué los árboles no tienen patas para correr cuando hay fuego, ni tienen boca para gritar.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.

 

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