Juan Santana | Cuando un padre llora por su nena

Cuando me separé y tuve que separarme especialmente de mi hijo, lloré muchas noches en silencio y han pasado treinta y un años, que se escribe fácil.

Gracias a Dios, no fui un cerdo que hice daño cómo esos energúmenos enfermos que matan a sus hijos para hacer daño y dejar un montón de víctimas en el camino y confieso que las víctimas siempre estarán, pero seguimos vivos y nos vamos endureciendo con los sufrimientos de la vida.

En este caso, comparto el trabajo musical realizado para una joven de diecinueve años, que parece todavía una niña, porque sus padres han estado día tras día, minuto a minuto siguiendo sus pasos y educando de la mejor forma posible y por encima de todo, está el Amor Puro y Duro. Una de las pocas familias del planeta que han aguantado juntas, a pesar de los pesares.

Cada persona es un mundo cargado de infinitas mentiras y verdades, sueños secretos, emociones, ilusiones, amores y desamores, guerras mentales por culpa de los ignorantes endiosados que rodean nuestro espacio, pero siempre estarán aquellas personas que inexplicablemente aguantamos a los tóxicos que están empeñados en que dos más dos son cinco. Muchos nos hemos intoxicado por momentos, pero hemos logrado salir y tal vez sea Dios que te llevó a conocer la mierda, que también tiene su puesto señalado como el estiércol para las plantas, los frutales y las hortalizas, para luego pagar la deuda hablando en su nombre.

En ésta carta deseo sorprender compartiendo la imagen de un padre espectacular, que justamente es nuestro Chef Oficial del periódico, Don José Luis Barbuzano y en éste momento, él no tiene ni idea de que leerá y verá su propia imagen llorando, mientras escuchaba hablar a su hija. Justamente la hija estaba hablando del Amor en Radio Rumberos, una emisora del Sur de Tenerife, dónde está colaborando en un Programa todos los jueves, dónde simplemente intentan ser y hacer felices a todos los que puedan y no es fácil en esta sociedad de falsos idiotas y la mayoría tenemos un cierto grado mayor o menor de idiotez. Por lo pronto cumplí la promesa de grabarle una canción en una discográfica después de un año de trabajo y la promesa está cumplida.

Hemos llorado de felicidad, pero en mi caso personal le dejé claro públicamente que también he llorado, porque puedo morirme tranquilo, ya que  mi alma ya está dentro de su ser y esto solamente lo entienden los locos. Se los dije una vez y vuelvo a repetirlo, «Felicidades a todas las familias casi perfectas cómo la de nuestro Chef Oficial Don José Luis Barbuzano».

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santa