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Juan Santana | Cuando alguien es un energúmeno

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Cuando alguien es un energúmeno maleducado, intoxica, entristece, crea y fomenta el mal rollo, aunque es verdad que también tenemos a las personas educadas con palabras bien sonantes, qué tocan las neuronas de malas maneras, especialmente los políticos profesionales cuando están en el Parlamento tirándose misiles lingüísticos a través de la palabra, con el cuento de llamarlo “Diálogo”.

Cuando compartimos una tertulia en cualquier lugar, en una terraza, en la barra de un bar, en casa con la familia o en la virtualidad y una o más personas pierde el control del respeto, estalla un volcán escupiendo palabras con un sonido más alto de lo normal y si por desgracia aparece el inculto con insultos, es más chungo todavía. Ahora con tantos millones de personas enganchados a las tertulias virtuales, podemos disfrutar de monárquicos contra republicanos, pero tengo totalmente prohibido a mi mismo, escribir públicamente palabras mal sonantes, porque sería dar rienda suelta al mismísimo diablo y no estoy diciendo qué sea Teresa de Calcuta.

Con los amargados, energúmenos y maleducados prefiero escupir palabras mal sonantes cara a cara, porque escribir degradando a quién sea de forma virtual y desde la lejanía es de cobarde, el adjetivo o la actitud más baja del ser humano. Todos tenemos un diablo interior y hay que mantenerlo bien amarrado, porque cuanto más mayor nos vamos haciendo, más dañino es el maldito diablo y cuando logra salir de nuestro interior, hasta nos hace daño a nosotros mismos, moralmente y físicamente. La paciencia es la mejor técnica a la hora de cualquier enfrentamiento cuando llegan esos momentos negativos con cualquier persona y el silencio, sumado a la reflexión es la mejor actitud.

Con el tiempo he aprendido a mirar mis errores primeramente y los tengo de sobra, por eso prefiero callar muchas veces y aguantarme. Cómo decía mi padre en paz descanse, la vida es cómo el boxeo, pero tenemos que aprender a recibir muchos golpes, porque nos hará mucho más fuertes y cuando nos toque dar el golpe, que sea uno bien dado. Y algo, qué es inmensamente maravilloso es aprender a perdonar a los demás y te estarás perdonando a ti mismo.

Estimado lector, gracias por regalarme un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.

 

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