Juan Santana | Chiquitos animales más extraños

Cada mañana estoy levantada temprano porque mi amigo pone el despertador a las seis de la madrugada. Voy hasta la puerta de su habitación y espero que poco a poco se levante y se toma un poco de agua, luego le sigo hasta el baño, espero en la puerta y escucho el sonido de su pipí. Después escucho cómo se purifica lavándose la cara y vuelve a salir hasta la cocina, para encender la tetera. Nuevamente vuelve al baño y entra en la ducha, pero sin saber la razón, sigo esperando en la puerta, porque podría esperar tranquilamente en mi pequeña cama que la tengo en la sala de estar, pero las costumbres son difíciles de quitar. Una vez que mi amigo termina de ducharse, va a su dormitorio para vestirse y nuevamente estoy en la puerta esperando, para volver a la cocina. En la cocina él se sirve su te y me pone mi ración de pienso, luego existo y pienso comemos todos los animales, incluyendo a la raza humana, porque después del té, muchos suelen tomarse un café con leche y le añaden dentro cereales en forma de pienso.

Después de desayunar nos vamos a dar un paseo y obviamente haré mis necesidades, pero con la suerte de tener cerca las montañas dónde también puedo saltar y jugar con las mariposas, aunque ya estoy mayorcita y simplemente paseo tranquilamente y feliz. Luego volvemos a casa, para preparar el almuerzo y echarnos una siesta con la televisión encendida, aunque me da igual porque no entiendo nada. Por la tarde, nos vamos a pasear nuevamente y paramos en una terraza dónde casi siempre encontramos a las mismas personas y a los mismos perros. Si tengo suerte, encuentro algunos de mi raza y voy saludando a los de siempre, luego me echo en el suelo escuchando las diferentes charlas de los comensales humanos y siempre digo lo mismo, «Chiquitos animales más extraños».

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.