Juan Carlos Magdalena | Desobediencia o cierre de la restauración en Tenerife

Me siento profundamente indignado y en solidaridad por la situación que estamos viviendo los autónomos de la restauración. Ya no pueden asfixiarnos más, es imposible salir a flote después de haber intentando mantener la cabeza fuera a duras penas (los que lo hayan logrado) ya que hay muchos compañeros que han muerto por el camino. Nunca llega esa luz al final del túnel que previsiblemente nos dicen que está cada vez más cerca.

Aunque me guste hablar con contundencia y sacar todo lo que llevo en las entrañas, siempre me he considerado un ciudadano respetuoso y disciplinado con mis deberes y derechos. En esta ocasión, si mañana toda la restauración y hostelería de Tenerife ha de pasar nuevamente a la fase 3 y regresar a las restricciones de cerrar los interiores de todos los negocios y trabajar con tan sólo el 50% del aforo en los restaurantes con terraza, yo asumo públicamente que incumpliré dichas normas.

Si nos obligan a tirarnos directamente por un precipicio, yo prefiero no tirarme, seguir trabajando de forma correcta aplicando todos los protocolos en mi empresa, cuidar a mis clientes como ellos me cuidan a mí, y asumir responsabilidades. Nadie me puede obligar a morir, aunque sea empresarialmente y metafóricamente. También me consta que muchos empresarios están muriendo de depresión y ansiedad por los continuos vaivenes de este Gobierno.

En mi caso, la única opción para no morir es la desobediencia al Gobierno, siendo extremadamente cuidadoso con mis clientes, empleados, colaboradores, proveedores y familias que dependen de mi aire para sobrevivir.

Por: Juan Carlos Magdalena.

 

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