Jesús Millán Muñoz | Párrafos III de Juan de Portoplano

Aquella mañana el de Portoplano respiró el nuevo aire, y sintió cierto grado de tristeza. Toda su vida se la había pasado intentando utilizar palabras bondadosas y racionales y prudentes y lo más verdaderas posibles, y actos también del mismo modo o tipo. Pero veía que el clima social de su sociedad, se iba deteriorando poco a poco, de trimestre en trimestre… ¡Y, y no encontraba una frase, que fuese tan evidente, para que no nos dirigiésemos al abismo…!

Esforzarse en ver y percibir el mayor grado de realidad de las cosas, es la única manera, de intentar alcanzar un mayor grado de realidad-verdad-bondad-prudencia-racionalidad. Y por consecuencia, curarse más y mejor todos los males que sufrimos…

Hoy, el ateo o el agnóstico merece, por si mismo y para si mismo y, por los demás y para los demás, aunque no crea en Dios, se merece a si mismo tener el deber y el derecho de buscar si existe Dios o al menos, pueda existir.

Una antigua norma moral, era la de no avergonzar al otro. Toda personas tiene el justo deber de defenderse a si mismo, con palabras o el sistema jurídico u otras situaciones excepcionales y más graves, pero en la medida de lo posible, encontrar el punto medio, de defendiéndose en justicia y equidad, intentar no avergonzar al otro. No solo no ofenderlo, sino no avergonzarlo.

Al más débil o vulnerable en algún tema, no debes oprimirlo, ni tratarlo mal, ni tratarlo con inferioridad. Porque no olvides, que en la realidad humana y social, existen cientos de factores y variables, unos somos más fuertes en algunos, en otros más débiles, en la mayoría de la media…

En la medida de lo posible, si no es necesario por un bien mayor, o por justicia o por equidad, o ante los tribunales, u otras razones, no debes hablar mal del otro. Más, si encima lo que hablas es un error o una mentira o una calumnia. Igual que los secretos propios, no te gustan sean alardeados por otros, lo mismo debes hacer con los demás. Cierto, si una persona tiene un grave peligro de caer en un mal de otro o de otros, debes con justicia y equidad y discreción avisarle del mal que puede caer otra persona por las redes de personas no buenas en algún aspecto de su existencia.

No seducirás a otra persona, con artimañas y engaños, ni con fines sexuales, ni de otro tipo. Sino mostrarás y te mostrarás en el mayor grado de realidad y verdad, porque un grado determinado de seducción, es una forma de engaño o mentira. Una cosa es agradar y otra seducir…

No tomarás venganza, sino la que indique y con los sistemas de la justicia y de la legalidad vigente. Toda venganza cae en una espiral de la venganza y del odio y del rencor.

Te alejarás del mal y de la maldad de otros, para no caer tu en el mal, para que no te hagan mal otras personas.

El rencor y el odio y la maledicencia, de acto o de deseo o de pensamiento, es una cizaña que produce mucho sufrimiento interior y exterior. No podemos decir que el bien es mal y el mal es bien, pero no podemos caer en el rencor y el odio y la inquina por el mal que las personas realizan. Debemos huir del mal y defendernos del mal que nosotros nos producimos y que otros nos crean. Tenemos que defendernos y huir de ese mal, pero no caer en el rencor y en el odio.

Sin negar que un acto o palabra es buena o es mala. No sabemos las condiciones o responsabilidades de quién las hace o las produce. Un hecho o un acto es bueno o malo en sí, y según las circunstancias, pero la culpabilidad o la responsabilidad del actor-autor-agente de ese acto, existen muchas circunstancias y variables, que desde fuera, quizás no todas se puedan juzgar con claridad, ni siquiera desde dentro, desde el mismo sujeto que las realiza.

Estima a las personas, aunque sean limitadas en sus juicios y conductas, al menos intentan enseñar y mostrar el bien moral. Porque una persona puede haber caído en un error equis, en la práctica, pero no defender en la teoría ese error…

No es lo mismo enseñar un mandato moral erróneo, que practicar en la realidad un mandato moral de forma correcta. Una persona, puede saber y conocer lo que es el bien, pero caer en la práctica en el no-bien. O, estar equivocado en la teoría y por tanto, también equivocarse en la práctica o en el acto moral, sea de palabra o de acto o de hecho.

No consultarás ninguna forma de magia, de superstición o de calcular presuntamente el futuro, o ponerse en contacto con espíritus de otros mundos…

La mayor parte del sufrimiento que padecemos nos lo creamos a nosotros mismos, de uno mismo a uno mismo, o por los otros, sean cercarnos o lejanos. Siempre he pensado que el mayor bien, o uno de los mayores bienes de una persona, es no crear sufrimientos, salvo si para la defensa justa tiene que defenderse como mal menor y como última instancia.

El de Portoplano pensaba como encontrar una frase que proporcione esperanza y una sonrisa. Este es el gran tema de la realidad humana. Una frase con verdad y en verdad y con bondad y en bondad…

Por: Jesús Millán Muñoz.

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