Jesús Millán Muñoz | “El enigma del Libro del desasosiego de Pessoa”

Esta obra fue escrita de forma fragmentaria, desde 1913 a 1935 por Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) uno de los poetas y prosistas más importantes del siglo veinte en el mundo.

– La vida de Pessoa fue compleja y complicada, en sus formas simples y simplificadas, dentro de sí mismo llevaba diríamos un volcán o un tormento, que quizás toda la crítica no ha sido capaz nunca de desvelar. Sin entrar en el problema de los heterónimos, ciento treinta y seis indican los especialistas ahora, que no parece que fuese solo “una figura literaria o de oratoria”, porque ya empezó con el primero siendo muy joven. Hasta su situación de realizar trabajos mal pagados, en situaciones económicas precarias, pero además también psicológicas deficitarias.

Siempre me ha llamado la atención, que ha dejado para la posteridad diversas fotografías, algunas con pajarita, lo cual parece que se puede deducir e inducir, quizás la formación social y familiar de nacimiento, quizás la aspiración personal. No podemos aquí analizar los hitos de su existencia, porque al final, no sabemos muy bien la explicación, no conocemos la correcta interpretación de los nuestros, aún menos, los de los demás.

Pero cierto es que fuese huérfano, que su madre se casó en segundas nupcias, que en la escuela tuvo presiones por parte de los matones de la clase, que fuese dipsómano, quizás consecuencias de otras heridas, que nunca se casase, que dicen que nunca pudo comprarse una máquina de escribir, que y que… Quizás, unas heridas originales y primarias, crearon otras segundas, y se fueron como las olas acumulando y formando un gran oleaje. Creo que ahí estriba, todo el misterio y enigma de Pessoa, de este libro que comentamos, de toda su poesía, dicen que tres mil, de toda su producción prosística, que como en una mina, va saliendo de su baúl, que su hermana con buen y amoroso criterio guardó durante lustros. Ahora, ya está todo conservado en anaqueles.

– Algunos autores y comentaristas, indican que si Pessoa en vez de ser portugués y escribir en portugués, aunque también algo hizo en inglés, y apenas publicó nada en su vida, un libro de poemas un año antes de fallecer, hubiese sido de habla anglófona, dando sombra en la Britania o en Norteamérica, sería considerado el gran poeta y prosista del siglo veinte, superior a los que ya están en la cabeza de las letras mundiales occidentales.

Se le ha considerado casi un misterio o enigma también, que esta figura se recuperase de las letras del purgatorio eterno en el que estuvo, decía, que para muchos se valora como uno de los grandes pensadores, e, incluso filósofos del siglo veinte. No sé, si esta enorme valoración es exagerada, al menos, como filósofo, igual que era demasiada negación de esta personalidad, el purgatorio-silencio cultural en el que le tuvieron durante sus años de vida pululando por Lisboa, aunque falleciese joven, quizás debido a multitud de problemas, psicológicos o vitales o existenciales que son o serían la base de su ebriedad constante, y por último, de su consecuencia, el fallecimiento…

– Hay que indicar que esta obra, es en cierto modo, una creación posterior. Es cierto, que dejó instrucciones, para este libro, en sobres, pero también, es verdad, que los detentadores del legado de Pessoa, formaron y conformaron una obra, con sus indicaciones, pero también con sus criterios, por lo cual, por ejemplo, en español, que su traducción es muy tardía en el tiempo, casi cincuenta años después del fallecimiento del autor, existen cuatro versiones de este libro, que entre sí, no coinciden totalmente.

Como texto fragmentario, debo indicar, que a mí personalmente, me gusta este modo de expresar pensamiento o intento de profundo pensamiento e incluso de filosofía. Cierto es, que ya nos diría Kant y Hegel que no hay filosofía si no existe un sistema. Pero también, pienso que se ha creado gran filosofía y gran pensamiento de forma y conforme a la asistematicidad. Creo que es un método más libre, para no estar siempre repitiéndose a sí mismo, no copiándose siempre a sí mismo, no plagiarse a sí mismo, pero tiene el peligro de la contradicción, de las descoordinación, pero también, de la frescura, de un ser que busca y piensa, constantemente, que el mismo problema o cuestión, va aportando datos, que menciona una nueva característica y, no nos llena diez páginas, de argumentos históricos que ya todo el mundo sabe o debería saber. Aunque cierto es, he defendido hasta la saciedad, que si la filosofía, no quiere morir, quiere seguir ocupando un lugar en la historia y la historia cultural y en la vida de los hombres, deben “comités y equipos de trabajo crear sistematizaciones al estilo de la Summa”.

No alabaría, al gran Pessoa, con sus luces y sus sombras, sin dejar de tener conmiseración por él, porque qué nos habría dejado de haber vivido cuarenta años más, cuántas ideas y formas de entender el mundo. Decía que no honraría al genio de Pessoa, si no dijese, que hay mucho bueno y verdadero en sus escritos, pero también, creo que hay muchos errores, conceptuales y morales. Es decir, es un espíritu-carne-mente, de una gran capacidad de percepción interna y externa, pero no tiene toda la formación o suficiente formación, en los campos de diversas ramas del saber, de su tiempo, entre otros de la filosofía.

Creo que hay que leer este libro del desasosiego, pero no creo que todo el mundo lo debe de leer-pensar-percibir-meditar. Ni todo el mundo, en cualquier circunstancia. No aconsejaría este libro, a una persona que estuviese pasando por una situación biográfica compleja. A Pessoa hay que recordarle que la vida no es tan gris-agria-negra-angustiada, sino que la vida también tiene luces-claridades-felicidades, la vida es un bocadillo entre alegrías y penas…

¡La gran pregunta es siempre la misma, cuántos Pessoa con sus baúles se habrán ido quedando por el mundo, sea en Alaska o en Patagonia o en la América profunda o en las islas del Pacífico o en los barrios de grandes megalópolis o en pueblos pequeños del mundo, cuántos, que al final sus baúles se hayan tirado al mar…!

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