Jesús Millán Muñoz | Códices iluminados medievales y libros de artista actuales

El siglo veinte ha descubierto un nuevo género artístico plástico que se ha denominado libro de artista. Que es, sintetizando bajo el molde de un libro, crear una obra de arte plástico, en algún caso plástico y literario, uniendo lo visual, lo plástico, lo poético, etc.

Todo el mundo conoce que durante el periodo anterior a Gutenberg, cada libro había que escribirlo o copiarlo o realizar copias a mano, y algunos de ellos, se ilustraban, pintaban, dibujaban, miniaban.

De esa experiencia nos han quedado, obras, casi siempre en pergamino, que disponen de una parte, escrita a mano, y otra parte, en algunas páginas dibujada-pintada-ilustrada. Debemos admitir que entre las obras que los siglos han sido capaces de no devorar, han quedado algunas docenas o cientos que constituyen en sí, grandes obras de arte de la humanidad, comparables a los murales de sus épocas o pinturas de sus tiempos o esculturas de su siglo, o incluso, a mi modo de entender, comparables a iglesias o arquitecturas de sus mismas décadas. Se podrían citar algunos de los Beatos que nos han quedado Hagadás, Biblias, etc.

De joven, debo indicar, que siempre me atrajo esa doble vertiente, libros por su contenido, literaria o texto, pero también su contexto, es decir, sus imágenes. O dicho de otro modo, siempre quise “copiar o plagiar” de alguna manera, el concepto medieval del libro, como un género más. No en sentido de copiar a mano, un libro o un texto, pero si de alguna manera, “construir libros, que tuviesen texto, generalmente, pegando hojas, fotocopiando hojas de textos, sean de poemas o biblicos o literarios”, y después, al lado ilustrarlos-dibujarlos-pintarlos.

O, libro publicados normales, en sus hojas, sobre el texto, dibujar en cada hoja, un dibujo o una pintura, o álbumes de dibujos, ir rellenando las hojas, con dibujos, pero entenderlos como una obra en sí…

Todo ese afán, que siempre tuve, es decir, que por un lado estaba la literatura-escritura, por otro, el dibujo o la pintura, o cualquier otro género artístico, y por otro lado estos “plagios de libros medievales” que hacía, en la medida de lo posible.

Diríamos, que en esa situación, es dónde y cómo me encontraba, hasta que me enteré, que el siglo veinte, había descubierto-inventado, un nuevo género artístico plástico, que conteniendo y disponiendo del formato libro, hacia “arte con ese molde”.

Por lo tanto, todos los afanes, que había tenido, las obras, modestas que había realizado, y las que deseaba construir, pasaron a formar y ser parte, de “esa nueva tendencia”. En total en estos más de cuarenta años, calculo más de quinientas, entre todas las variedades de ese subgénero plástico, quinientas, que están o deberían estar pululando por el mundo, en diferentes colecciones, siendo diríamos de distinto tipo: libros editados normalmente, con sus hojas dibujadas, álbumes de dibujos, diversas formas de libros de artista, libros tamaño cartulina, con textos literarios pegados, y dibujados el resto de cada hoja, formando conjuntos de libros, sean de textos bíblicos, del quijote, de poesía, etc.

Nunca he entendido, ni comprendido muy bien, porqué dentro del afán de la contemporaneidad, dentro de este siglo, no se ha valorizado, no se ha copiado lo suficiente, el sistema medieval del libro. O mejor dicho, si se ha hecho, en la forma, de ediciones de libros limitados, por un lado, el texto se hacían ediciones limitadas, y se añadían grabados. De esta forma o manera, en estos dos últimos siglos, se han creado cientos de obras de arte, y los grandes autores plásticos del siglo veinte han intervenido, creando estos tipos de obras, por lo general, cien copias de esa obra, con texto y con grabados.

Pero decía, porqué no se han realizado, no se ha valorado lo suficiente, “copias únicas o creación únicas de un ejemplar”, sea del tema que sea, es decir, no necesariamente, copiar un Nuevo Testamento a mano, y en cada página, irlo ilustrando con un dibujo o pintura, sino que de alguna manera, realizar “ejemplares únicos”, similares a los medievales.

En mi caso, he ido integrando el texto, textos literarios de propiedad universal, por ejemplo, la Biblia o el Quijote, ediciones o copias en sistema de fotocopias, que existen en el dominio público de Internet, de ese texto, irlos pegando por lo general, en cartulinas, tamaño cartulina, y el resto del papel, que queda en blanco, pintar o ilustrar toda la página… Quedando, una realidad, muy parecida al “sueño de joven”, de intentar hacer libros actuales, con estilos artísticos y plásticos actuales, que son únicos cada ejemplar, uniendo textos literarios o religiosos con imágenes o realidades plásticas actuales. Además, siendo cada obra, no solo un libro, no solo un libro de artista, sino también un mural, y además, aplicándose potencialmente, “todos los manifiestos artísticos y plásticos que este escribiente ha ido diseñando a lo largo de años, ya hace muchos años”.

De ahí, mirando hacia atrás, en la autoría de este escribiente-pensante-pintante, podríamos indicar, que han surgido, unos cientos de obras de estos libros, o libros de artista, algunos libros artista-murales, potencialmente, también murales, que algunos de ellos, además, pueden entrar en la categoría de libros más grandes, en tamaño del mundo, en general, o en sus temáticas. De los veinte libros más grandes del mundo en tamaño, que se conservan, y que se conocen, pueden entrar, algunos de esta categoría, de esta firma, que están o deberían estar en colecciones públicas o privadas. O más grandes en sus géneros o temáticas especiales.

Dicho de otro modo, algunas de las Biblias más grandes en tamaño del mundo, algunos de los Quijotes más grandes del mundo en tamaño, algunos de los libros de Poemas más grandes del mundo en sus tamaños…

Para terminar, toda estas temáticas, hasta ahora quedan silenciadas y olvidadas, en el sueño de la historia. Sin saber muy bien, la situación de estas obras, es más, en el ranking de exposiciones sobre libros de artista, este autor, hizo de las primeras que vieron la luz en este suelo y tierra y cielo de la Piel de Toro, pero por razones, que solo los humanos conocerán, no las citan, como “lo que son, estarían entre las diez o quince primeras” que de este género plástico se hicieron en este país. Pero claro, cómo se construyeron en algún lugar de provincias, parece que no gusta en los “centros del poder cultural”. Olvidando este dato, obscureciéndolo para que se olvide, a este autor, a estas obras, a esas exposiciones.

Olvidamos que la justicia, por definición antigua, es “darle a cada uno lo suyo”, o según otra versión, a “cada uno lo que se merece”. Ya, que este autor, está en la recta final de su existencia, aunque no sepa si todavía le quedan, uno o diez o veinte o treinta años de tomar este sol. Ahora, que por todos los sitios y lugares florecen las ferias de libros de artista, bien harían éstas, sus equipos directivos, recordar la obra de este autor, que hacia abajo este género, y también sobre otros, cuándo nadie o casi nadie creaba obras. Y que hizo, exposiciones, modestas exposiciones, pero públicas, bajo estas obras. Y que envió y mostró estas obras, a las entidades culturales, museos, fundaciones, etc. Y, que durante estas décadas “de silencio e invisibilidad”, ha seguido realizando estas construcciones, en el mayor olvido de las mesetas de la península. Paz y bien.

Por: Jesús Millán Muñoz.

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