Antonio Pastor Abreu | Puede que realmente existan tales garantías

Si fuese un turista o viajero, fiel o no a un destino, pensaría. Después de la experiencia adquirida en estos meses de incertidumbre.  Agobiado, al no cubrir mis expectativas vacacionales. He decidido luchar contra el miedo, ya que enfrentándome a él seguro que se desvanecería. ¿Pero quién me garantiza las vacaciones que parecían sagradas e imprescindibles, ayer, para todo ciudadano?

Al parecer dejaron de ser sagradas en muchos países. También en España.

Ese miedo, también desaparece, cuando en el destino existen las garantías que me aporten valor añadido, seguridad sanitaria, protección. No viajo porque aún no sé lo que ocurre en el destino que en su día me fidelizó.

El factor motivador  que cubría mis necesidades se congeló en el deseo, pues ya no me relaciono con los amigos en el destino. Y el Big Data, al parecer, sigue siendo una herramienta olvidada en una gaveta. ¿Cómo piensan motivarme si no llega la información que me ayude a dar el gran salto?

Inmersos en el miedo, la indecisión y el desconcierto. La creatividad sigue en la opacidad  influenciada por la autodefensa del Padre crítico interno.

No podéis acercaros a nosotros los clientes, viajeros porque no fluye una relación de éxito, aunque no lo es tanto por el gasto que supone. Ayer, que si el confinamiento por la pandemia, hoy el transporte aéreo, luego encontrar a quien soporte el gasto de los PCR. Empiezan a surgir los presuntos culpables.

Al final un silencio sepulcral, generado tal vez, por la incapacidad, donde sólo se escuchan quejas y justificaciones vanas que se alejan, o no conducen al encuentro de la solución. Conscientes de que no podemos acercarnos a nuestros clientes sin una relación de éxito.

El intentar empatizar con el viajero, no es sinónimo de que sólo estemos necesitados de él, sino que, comprendemos cómo se siente, pues “nosotros nos sentimos igualmente preocupados al no poder cubrir sus expectativas vacacionales”.

Tenemos un problema, es cierto, pero ¿estamos haciendo el esfuerzo necesario hasta la extenuación, pues  nos va el futuro en ello, para conseguirlo? Cuando dejamos de usar nuestro ordenador mental perdemos de vista nuestra misión. Vender. Vender y Vender. La diferencia está en que nos perdemos al incluir, una diversidad de matices, separándonos de lo importante.

Pocos se han dado cuenta de que ya no sintonizamos, en la frecuencia de nuestros clientes, preocupados por el problema que tenemos en casa. Mire el problema desde fuera y encontrará la solución, al menos un 60%. Si no llegamos directos a sus casas, Asociaciones, de poco nos sirve demostrar nuestras fortalezas sanitarias. Eso me hace pensar que probablemente, no hay, o no existe Feedback con los clientes.

Cuando dicen que hay que arrimar el hombro. Observamos que la rigidez personal de quien lo dice, impide flexibilidad de aceptación a nuevas ideas. Sus intereses son a la vez, los intereses de los ciudadanos, en gran medida. Ya que es nuestro estilo, y no la apariencia, el que manifiesta lo que somos. No percibimos que exista en esta lucha, la persuasión en sus tres estadios. Docilidad. Identificación e Interiorización pues nadie puede hacerse un cierre de ventas, si antes no se cierra, o se convence, así mismo.

Damos por hecho que el invierno será un balancín de ferias, pero no hay nada cierto.

Como Vendedores Asesores afloremos nuestra empatía conectando con, las familias o colectivos. Porque: “Cuando estás con nosotros, es cuando mejor nos sentimos.”