Andrés Julio Farenga | Todo abierto, pero Teatro, no

Gracias a Dios estamos recuperando paulatinamente, aunque con prudencia, las salidas al aire. Calles y paseos, parques, playas, hotelería, restauración y estadios se reactivan, para alegría de la población, reforzada por contingentes numerosos de turistas, también deseosos de compensar tanto bloqueo por fronteras, puertos y aeropuertos cerrados.

Sin desconocer que persisten grupos insolentes en insólitas aglomeraciones festivas, la conducta de la gente es en general prudente, prevenida y moderada. Muy bien.

Pero hay un sector de la vida y la cultura que, no ya por la ideología y la ética de sus contenidos, sigue inexplicablemente clausurada. Es el Teatro.

Claro: ¡Es que la Cultura no vota!

¿Cuántos casos de infección y/o de muerte se han producido en La Victoria de Acentejo? ¿Y en La Guancha? Pero el teatro -aún al aire libre, volvió a suspenderse.

Venimos de un año y medio de apnea laboral= económica = social del mundillo artístico.

Sea, la salud ante todo. Pero si el mundo que nos rodea se abre a propios y extraños -siempre con las prevenciones sanitarias vigentes-: ¿por qué vuelven a cancelarse ahora mismo las funciones teatrales? ¿Acaso balnearios, bancos, bares, restaurantes y terrazas no se abrieron?

Una función escénica a la intemperie y con distancias personales: ¿es más riesgosa que el resto de las actividades sociales?

Por: Andrés Julio Farenga.

 

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