Juan Santana | Una vela por Nicolás Toledo Quintero

Quienes conocen mis creencias en las Almas, saben que cuando comparto un pequeño homenaje de un difunto amigo, enciendo una vela en su nombre y ésta vez toca a Nicolás, que está sonriendo.

Nicolás nace en Charco del Pino, pueblo del Municipio de Granadilla en Tenerife el 27 de Octubre en 1.948 cuando no estaba ni el Teide. Su niñez fue de las auténticas, cuando jugaban al fútbol descalzos y los balones eran con trapos viejos metidos en calcetines. Los dedos eran gordos por las patadas que daban a las piedras. El contaba sus anécdotas y una simpática fue cuando pide a los Reyes Magos una «Suculetita», en bilingüe, una bicicleta y le trajeron un caballo de cartón y del mosqueo que agarró, termina rompiéndolo con un palo. La primera vez que fue a Santa Cruz, con su madre, Elena, vio un barco y le pregunto si los barcos tenían ruedas y esto cuando lo contaba, se reía mucho, porque la inocencia brilla por su presencia. Estudió en Granadilla y en La Laguna, pero la Educación Brutal antiguamente las daban los padres y abuelos, incluso los demás familiares y auténticos amigos, porque si de algo pudo estar orgulloso Nicolás, era de tener un millón de amigos. Nicolás, se enamoró de Ana María cuando ella trabajaba en Ten Bel de recepcionista y él era contable. Se casaron y nacen dos semillas, Carolina y Nicolás. Carolina, tiene la misma sangre del padre y la mía, se llama «Speaking forever», porque cuando nos sentamos con amigos, el tiempo pasa muy rápido y deseamos escucharnos mucho.

Nicolás amaba la tierra, siempre deseando estar en Ifonche, entre pinos y parras, cuando estaba descansando, aunque siempre estaba activo. Fue representante de Toyota en el sur y fundó Toyosur, empresa que sigue navegando con los capitanes Nicolás y Carolina, sin olvidar a los compañeros que son cómo de la familia. Carolina, se enfadó un poco con Dios, porque no dejó a Nicolás una semana más en Granadilla, pero eso mismo le pedí yo a Dios cuando se fue mi padre y si Dios, le hace caso a todos los hijos, aquí no cabía nadie. Nicolás está junto a todos los que han marchado y dónde todos iremos cuando el destino marque la última página de la vida. Desde aquí hasta dónde estás, un abrazote Nicolás.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.