Juan Santana | Tranquilo y feliz en pelota por Tenerife

Confieso que cuando era más joven siempre iba a las playas nudistas. En Gran Canaria solía ir Playa la Arena y a Taurito con amigos y tiendas de campaña, cuando no había ningún hotel ni apartamentos y estábamos todos en pelota sin ningún problema. Cómo anécdota real comparto que tenía un amigo con nombre y apellidos, que solía pasear tranquilamente por la orilla con el nabo tieso y que conste que no era un enfermo pervertido, porque tenía y tiene su pareja desde esa época y son felices. Además es súper educado y todo, pero tiene claro que no puede impedir que tenga ese nabo así de esa forma sin querer y con todos los respetos, pero para más inri, el nabo es de buena cosecha con sus veintipico centímetros de largo y tres centímetros de diámetro.

Además era algo normal estar desnudo en esas playas y los extraños eran aquellos que no se desnudaban y justamente algunos con bañador eran los zorros mirones. Cuando dejé de bañarme desnudo fue en 1.991 en la playa del sur de Tenerife, «Diego Hernández» en Adeje, porque sentí que algún pescado grande podía trincarme el nabo pensando que era un cebo. Y después de éstas tonterías reales que has leído, decirte que ésta carta está inspirada en el señor que camina felizmente por la zona de Tenbel de Arona, al Sur de Tenerife. La pregunta es la siguiente, «¿Por qué va desnudo?».

En las redes sociales, algunos hasta ofrecían darle un guantazo, pero mi opinión personal es qué, «Mientras no moleste a nadie» ¿Qué importa que sea feliz por la calle mientras no moleste a nadie? Por lo pronto, todos nacemos desnudos y todo es cuestión de acostumbrarse, pero si algún lector desea convencerme con otra opinión, aquí estamos para compartir y aprender a ser mejores.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.