Juan Santana | Profesora sin televisión en su casa

Con aproximadamente siete mil millones de personas en el planeta, tenemos cerebros por un tubo, con infinitas formas diferentes de pensar y obviamente por obligación deberíamos respetar todas las opiniones personales y sociales, pero dejaremos esto en un sueño.

Recuerdo aquel día que estábamos tres enterados tomando café en una Arepera del Sur de Tenerife y hablábamos de Rajoy, hasta que un joven de treinta y tantos con su cuerpo lleno de tatuajes y cuerpo musculoso, acercándose nos preguntó, «¿Rajoy es un tío con barba ahí?». Los tres nos quedamos flipando y le dijimos que si hablaba en serio. Nos respondió que el pasa de la política, que va a su rollo y que solamente traga tele cuando en algunos bares o cafeterías ve algunas imágenes en las televisiones, pero no escucha con el ruido de los clientes. Nos sentimos responsables o idiotas, no lo tenemos claro, porque además nos pegó un sermón de la Vida y que todos los políticos son iguales y van de lo mismo y bla bla bla. Luego están los dos sesentañeros en Gran Canaria, que jamás han currado porque sólo han trapicheado y estaban en aquella barra del bar, que cuando pasaban dos marroquíes, o libaneses o Saharauis o africanos o dos personas de la zona Africana, uno preguntó al otro, «¿Tú crees que vale la pena currar como un cabron para darle pagas a estos gandules?».

Pregunto, ¿Que le responderemos a esta pregunta que escuchamos? Tal vez es tarde, para hablarles de legalidad y normas y esas cosas, confieso que no se responderles si me hubieran preguntado a mí. ¿Usted que les hubiera respondido? Luego está la profesora o la Profesional de la Educación, que conozco y no tiene Televisión en su casa, porque dice que es una mierda, así de claro. Que solamente trabaja por y para los niños, que no tiene Facebook, ni instagram, solamente radio y escucha algún programa interesante de noche antes de dormir. Que hace mucho deporte, que ha leído miles de libros y leerá hasta la muerte. Que no se entera ni del caso de Rocío Carrasco y Antonio David Flores, ¡Ay mi cabeza!. A lo mejor tiene razón, porque dice que todos los cerebros entran por los teléfonos y las televisiones hasta una Central Lechera, que nos controla. Voy a reflexionar.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.