Juan Santana | En memoria de Policías Asesinados

Aquella noche de 1.984 Bernardo Pérez, Policía Nacional en Paz Descanse, estaba de Guardia y su amigo Ángel tenía el día libre y cuando Ángel estaba saliendo, porque iba al cine y tomar algo, Bernardo le pidió que le trajera pipas. Obviamente Ángel cumplió su deseo, pero jamás imaginaron el suceso que ocurriría en menos de veinticuatro horas.

Cuando Bernardo estaba tomando un café en un bar cercano la tarde del siguiente día, un loco asesino de acercó a la barra y le pegó dos tiros a bocajarro, sin más, por los ideales estúpidos de los etarras. Personas similares a los islamistas que matan porque sí y les importa un rábano las víctimas que arrastran, desde los familiares a los amigos y conocidos, hasta las personas más sensibles cómo los testigos que tienen que acudir a los psicólogos para poder superar los daños mentales invisibles. Son muchísimos los difuntos de forma injusta y más injusto es que para colmo caigan en el olvido, porque si llegamos a ignorar éstos sucesos, es porque somos peores que las serpientes venenosas. Todas las personas tenemos una vida, un libro con infinitas páginas y las experiencias avalan nuestra manera de comportarnos cuando tenemos la suerte de llegar a ser adultos.

La mayoría de las personas que están cerca de la muerte por la violencia y logran escapar con el tiempo, siempre tendrán secuelas, pero serán mucho más duros a la hora de enfrentarse a los sucesos del día a día y «La vida es levantarse cada mañana y verlas venir y por más positivo que seas, un amargado siempre vendrá hacia tí». Ángel Antonio Hernández, desea enviar un abrazote grande especialmente a todos los Policías que asesinaron injustamente en tiempos ancestrales y pide reflexionar a quiénes piensan que están viviendo felices porque el mundo siempre ha sido así. «Son muchísimas personas las que han muerto para Vivir una libertad tan desaprovechada»… Gracias Ángel, por compartir un poquito de tu vida.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.