Juan Santana | Si las mascarillas pudieran reciclarse

Desayunando con un amigo que trabaja en la Recuperadora Fumero, empresa que colaboró en este periódico y cuando los tiempos cambien volverá hacerlo, comentaba qué «muchas personas están comiendo gracias a los hierros, aluminios, baterías y metales en general qué suponemos son inservibles», pero gracias al reciclaje pueden conseguir algunas monedas y comprar alimentos, qué es lo mínimo y obligatorio para una persona poder subsistir.

A los materiales qué llegan a una recuperadora solemos llamar «chatarras» y esta palabra es poco comercial. Viene a ser cómo la palabra «Gofio» qué suena mal y por eso gran parte de las nuevas generaciones no consume éste gran alimento, pero si les dices qué es harina de maíz tostado entra mejor. Un kilo de Gofio en cualquier molino puede costar menos de un euro y es millo tostado, trigo, garbanzas o cualquier cereal. Sin embargo un kilo del mismo producto en una farmacia, embasado en una cajita, con la foto de un niño o una niña bonita, con un texto qué diga, «Cereales» y cuatro cosas más, te meten un sablazo de un mínimo de cinco euros. Lo mismo pasa con la mierda de vaca, caballo, oveja, gallinas o de otros animales qué son buenas para abonar la tierra y las frutas o verduras sean más grandes y sabrosas, pero la palabra mierda, suena mal y la han cambiado por «Estiércol, Materia orgánica o compost», porque suena más light. En 1.987 un camión pequeño de Estiércol costaba aproximadamente 250 €, imagino qué ahora será mucho más caro, si lo consigues.

Creo qué el kilo de metal está aproximadamente entre 0’10 céntimos de €, no recuerdo y por el aluminio y baterías pagan un poco más. Ojalá pagaran algo por las mascarillas qué nos encontramos tiradas en el arcén, porque actualmente vemos más mascarillas tiradas qué colillas.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.