Juan Santana | A las 7:00 de la mañana, un enfermo tirándome los tejos

Estoy despierto desde las 06:45, un lavado de cara para purificarme, un cacao calentito mientras leo las noticias en la red, un repaso al face y a las siete en punto, está saludándome por el messinger el típico amigo virtual entre millones, un enfermo con ganas de nabo porque es vegano, tirándome los tejos. Elimino sus mensajes y vuelve a intentarlo por segunda vez, pero tampoco respondo y si envía alguno fuera de contexto, bloqueando como hago con los tóxicos enfermos, sin perder más tiempo. Publico la pregunta del día, “¿Tienes algo que contar que los demás no sepan?” y saluda el Amigo Sergio Díaz, con un Buenos días, ¿Conoces Flaming?. Sergio Díaz, es un Experto en Delitos Informáticos, Investigación, Análisis y Estadísticas del Cibercrimen y comparte con los lectores que saben leer, que “Flaming”, es el típico mensaje que incendia las redes sociales.

El Flaming consiste en provocar e intimidar con mensajes insultantes u hostiles, a una o varias personas, a través de los medios de comunicación y nuevas tecnologías, cuyo fin es provocar reacciones violentas. En estos casos el «Flamer», conocido como la persona que envía ese mensaje a una red social, busca generar polémica, lanza el mensaje con el fin de dañar y hacer que alguien pique, mediante insultos u ofensas. El problema se ve incrementado cuando aparecen los niños, ya que estos, buscan el reconocimiento que quizás no tienen en el colegio o en casa, buscando interacción con una actitud verbal defensiva, entre amigos y compañeros a través de las nuevas tecnologías e Internet. Cuando el atacante es un adolescente, y se produce a través de la red, lo denominamos Ciberbullying, que es el uso de los medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos online principalmente) para ejercer el acoso psicológico entre iguales.

Gracias Sergio, porque es un tema interesante y comparto el recuerdo de aquella tarde, cuando entra en mi messinger una niña de 12 años, diciéndome estupideces como “Que guapo eres” (aunque no lo sea) y más cosas, pero le preguntaba por qué habla conmigo  y responde con más tonterías. Insisto en aconsejándole que por las redes nadan muchos enfermos, que debe tener mucho cuidado y bla, bla, bla, y tenía la misma edad que mi hija por ese entonces, 12 años. Una vez le eché un rociado de consejos, se despide con estas palabras, “Perdone las molestias, soy Policía de Investigación”. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.

 

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