Juan Santana | La vida y la muerte, cara y cruz

En el sur de Tenerife tenemos una playa maravillosa como todas en Canarias, pero estamos en Playa de Fañabé, dónde muchos gozamos caminando, nadando, tomando sol o unas birras y saludando amigos y conocidos, compartiendo tertulias serias y algunas risas.

Suelo caminar desde Los Cristianos hasta Fañabé, pero esta vez cogí la guagua porque el sol aprieta mucho. Mientras paseo por la arena, encontramos a Jonathan y Adrian los socorristas, muy buena gente. Johnathan es un fiel lector y con su permiso comparto sus imágenes, además de información muy interesante.

Jonathan lleva cinco años, Adrián cuatro  y en estos años han visto morir a nueve personas, casualidad uno por año, pero no todos en Playa Fañabé, en Playa San Juan y en otros lugares, pero sorprende que ninguno por ahogamiento en el mar, a pesar de fallecer todos in the bach. La gran mayoría por infartos, en la misma orilla o encima de la misma hamaca.

Gracias a los socorristas, tenemos más seguridad en cuanto al cuidado de quienes no saben nadar especialmente, además les pegan la bronca a quienes con sus lanchas de pedales están cerca de los bañistas. Los socorristas confiesan que son felices en todos los sentidos, moralmente y económicamente, aprovecho para felicitarles y además se lo merecen.

Después visitamos a Roberto Ucelay cómo amigo y persona, no como Presidente del CEST ni empresario, porque en su día «libre» entre comillas, está celebrando su séptimo cumpleaños, ya que han pasado siete años de aquel horrible accidente de moto en Tailandia. Sólo a Roberto se le ocurre conducir una moto en Tailandia porque es cómo conducir en Marruecos, dónde los conductores llevan todos el turbo y el factor suerte siempre cogido de la mano. Podemos ver hasta tres personas sin cascos en la misma moto y lo inimaginable. Felicidades a Roberto, que gozó veinte y un días en un Hospital de Tailandia cerca de la muerte y escapó gracias a Dios y sigue vivo, cómo todos los qué seguimos navegando mayoritariamente en las redes, una moda universal. Espero qué algún lector que estaba comiéndose el coco y triste en su casa, después de leer, haya sentido la luz y salga a nadar, caminar y a ver amigos, a conocidos y por conocer, aunque sea cinco horas a la semana.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.