Juan Santana | La prueba del PCR para poder viajar

Cuando vas a hacerte la prueba del PCR te pones nervioso porque cómo seas positivo es un mal rollo. El negocio está buenísimo porque las colas son brutales y además notas cuando a alguno le dan la mala noticia, aunque no aparentan estar enfermos. Una vez te dan los resultados y estás bien, sientes hasta más deseos de cantar y seguir vacilando lógicamente.

Hasta el momento las analíticas anuales están perfectas, aunque puedes morir en cualquier momento por un infinito motivo y los médicos siempre me dicen lo mismo, «La actitud positiva quema tóxinas» y tendremos entonces que seguir tomándonos la vida suave y dedicarnos a gozar, porque de todas maneras la vida se va acabar, cómo dice la canción de Rubén Blades.

La obligación de los PCR para los viajeros que nos movemos entre islas haciendo turismo es extraña, porque a los viajeros que se mueven entre islas por motivos de trabajo o tienen otros domicilios no les hace falta. Luego están los madrileños, que no pueden salir de Madrid, pero sin embargo pueden entrar los franceses de borrachera, ¿Usted lo entiende? Yo tampoco. Los ferrys llevan muchísimos menos pasajeros porque además de no haber dinero, han obligado a tener que hacerse un PCR, de forma extraña, pero los expertos tendrán razón, para eso estudiaron. De todas maneras, es bueno pasar por el taller y que los médicos revisen nuestro cuerpo cada año, porque la salud es importante, por no decir obligatoria. Faltan demasiados millones de personas por vacunarse y sigo con la mía, que por culpa de Rocío Carrasco, de Antonio David Flores, de las elecciones catalanas y ahora las madrileñas, además de otras manipulaciones, estamos confundidos, unos a favor y otros en contra y no terminamos de aclararnos.

¿Cómo podría haber más credibilidad? Menos programas de tonterías y más pruebas auténticas de la gravedad del Covi, porque solamente vemos y escuchamos números en las noticias. Alguna que otra imagen y muchas verduleras y verduleros hablando de Rocío Carrasco, la amiga de Carmensa, la prima de Lala, amiga de Rosa.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.