Juan Santana | Con dos caballos y el rifle de Antonio

Cuando por las tardes salía con el caballo blanco y era el más energético, tenía qué estar todo el tiempo tirando de las riendas porque el caballo estaba deseando comenzar a galopar por aquel barranco. Tenía demasiada energía el caballo, era muy joven, pero agobiaba tanto tirar de las riendas y este día iba conmigo Antonio, con un rifle de perdigones del cuatro y medio. Bajamos del caballo y Antonio pone la punta del cañón en la yema del dedo índice de la mano izquierda y dice, «¡Mira Juan!» y se dispara el perdigón en el mismo centro de la yema del dedo. Comenzó a gritar, quedándose amarillo cómo un chino estreñido y le pregunté enfadado, ¿Qué coño has hecho?, menos mal qué no te dio por disparar en tu mismo ojo, o por dispararme a mí. Antonio subió a su caballo color madera y se marchó medio fatigado para ir al médico. Decidí no acompañarlo porque esta locura no tenía sentido y nos despedimos con un «Nos vemos luego».

Monto en mi caballo blanco qué sigue empeñado en galopar con el turbo, pero no quiero arriesgarme a estar subido encima y qué esta bestia se quede sin frenos. Cuando estoy hasta los mismos eggs de tirar por las riendas, salté del caballo y le dije al caballo, ¡Vete pal’carajo! y el caballo salió galopando cómo el que está huyendo del mismo fuego.

El caballo sabía qué iba directamente al establo, era un caballo muy loco y gracias que yo tendría veinti tantos años y también estaba mut duro. Cuando estoy caminando hacia la cuadra, encuentro al amigo Antonio tirado encima de unas piedras esparramado, con las patas abiertas, todo raspado y con una cara entremezclada de mala hostia y dolor. Pregunté a Antonio, ¿Qué pasó? Y respondió, ¡Joder!, iba tranquilo montado en mi caballo, cuando pasó tu pu.. caballo galopando cómo un loco, asustó al mío y brinco del susto tirándome a mí encima de las piedras y estoy roto por todos lados. Lo ayudo a levantarse y agarrado a mi hombro nos fuimos hasta el pueblo, allí estaban los dos caballos muy felices en el establo esperando para quitarles las sillas y sus riendas.

Antonio fue sólo al Centro Médico y colorín Colorado, aquí termina la historia real de dos colgados, sin contar los millones de colgados en la Red.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.

 

1 Commentario en "Juan Santana | Con dos caballos y el rifle de Antonio"

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