Juan Santana | Cuando los cayucos no son noticias

El 25 de Octubre entra una patera por Las Galletas en Tenerife y sentí que era normal, cómo que nos estamos acostumbrando, parece que no nos importa y podemos compararlo cómo la venta de drogas en la calle principal de El Fraile, frente al supermercado Dialprix, que también es normal, no pasa nada, es el pan de cada día.

De vez en cuando vienen los policías, con suerte trincaran algún camello y algún pobre enganchado a la heroína, pero sabemos que saldrán libres con cargos, porque para entrar en la cárcel tal como están las cosas, hay que tener enchufe. Todo es normal, la basura en las calles es normal, los políticos enfrentados cada día porque es su trabajo, y es normal.

Algo que si cambió, es la gasolina, porque antes era súper o normal y ahora es 95 o 98 o algo así.

Las parejas separadas o los matrimonios separados también es normal y lo que sí es raro en estos tiempos, es ver parejas que no estén separadas. Las noticias están brillando por su presencia, pero parece que no las vemos, porque son normales o seguramente nos da igual.

Un amigo lector fue al Puerto de Arinaga para tomar fotos de los más de treinta  cayucos y pateras y embarcaciones, pero prohibieron su entrada, pero no pasa nada, es normal. Este año llevamos más de 8.000 personas que han llegado a Canarias desde África y están arreglando algunos apartahoteles de Adeje, ya saldrán a la luz sus nombres, porque esperan muchísimos más y no hay marcha atrás en este suceso entremezclado de moralidad y negocio, pero siempre digo que, «Amor viene de Amortizar». 8.000 personas, son una media de 24.000 comidas cada día, sin entrar en más detalles. Ojalá este problema, tenga un final positivo, pero cómo actualmente si das positivo, estás enfermo, mejor dar negativo.

Seguiremos comiendo, cantando, bailando, riendo, amando, haciendo deporte y mucho más mientras haya salud y algunas monedas, porque huelo a que vendrán las oscuras golondrinas y también serán «normales».

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Por: Juan Santana.