J. Santana | Descubren que era un niño porque al disparar sólo quedó su cabecita

Estimado lector, comentar antes de comenzar que la historia es de 1.960 y la confiesa un Amigo con muchos años en el sur de Tenerife, empresario jubilado y por respeto a su decisión guardamos su nombre, pero permite publicar el carnet de casco azul por aquellos tiempos. Confiesa algunas historias con una rabia entremezclada y tristeza, porque sus experiencias confirman que las guerras son culpa de las religiones. Cuando tuvo la misión durante año y medio en la frontera de Israel con Palestina, vivió momentos que han marcado su vida de forma brutal, aunque está todos los días cantando felizmente y viajando mucho invitado por su mayor riqueza, sus amigos pudientes que pagan billetes de avión con cualquier disculpa para reencontrarse. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Comparte el recuerdo de aquella noche cuando estaba de servicio con un amigo de los cascos azules y un palestino le apuntaba a su cabeza, pensaba que su vida había terminado, pero ve como una bala entra y revienta la cabeza del palestino, salpicándole de sangre toda su cara. Su amigo estaba cerca con mucha rapidez sacó su pistola sin dudarlo disparó y siendo casco azul no podían tener armas, pero la vida en estos lugares no vale nada, como la época del western con una pistola por si las moscas. Esto fue en el año 1.960 cuando él tenía veinte años, cobrando 950 dólares, aunque el Gobierno solamente les daba 200 dólares, para que no gastaran todo su dinero por la zona, porque con sus rollos religiosos, en Israel y Palestina, también están las casas de prostitutas dónde los fines de semana hacían cola los soldados para descargar su blanco interior.

Enterraron en el desierto al palestino y tuvo que convencer al amigo que disparó para que dejara de comerse el coco y otro caso fue la noche que sintieron como una persona estaba acercándose y no quiso pararse al darle el alto. Tuvieron que dispararle y vieron como reventaban las bombas que llevaba en su cuerpo y descubrieron que era un niño, porque solamente quedó intacta la cabecita. Fueron hablar con los familiares del niño y sus padres culpaban a los soldados Cascos Azules, que iban en misión de Paz. El amigo está convencido de que las guerras del mundo, es culpa de las religiones y en todas existen las injusticias infinitas, violaciones y asesinatos injustificables.

Por: Juan Santana.

 

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